Uno de los medios principales por el cual el hombre llega a comprender esa gran totalidad llamada Macrocosmos Dios, actuando mediante un sistema solar es comprender por sí mis¬mo el mandato délfico “Hombre, conócete a ti mismo”, anunciado inspirado, destinado a dar al hombre la clave del misterio de la deidad. Mediante la Ley de Analogía o Correspondencia, los procesos cósmicos y la naturaleza de los principios cósmicos se manifiestan en las funciones, estructura y características de un ser humano. Están expuestos pero no explicados ni detallados. Sirven únicamente para dirigir al hombre por el sendero en el cual podrá descubrir y observar futuros signos e indicaciones más definidas.
La comprensión de esa triplicidad espíritu, alma y cuerpo, está más allá del alcance del hombre, pero puede tenerse una idea de su relación y función coordinada y general, si se lo considera desde el punto de vista físico y de su funcionamiento objetivo.

Tres aspectos del organismo del hombre son símbolos, y sólo símbolos de los tres aspectos del ser.

1. La energía o principio activador, que se retira misteriosamente en el momento de la muerte, y parcialmente durante las horas del sueño o de inconsciencia, y parece utilizar el cerebro como asiento principal de actividad, dirigiendo desde allí el funcionamiento del organismo. Esta energía tiene relación directa y primordial con las tres partes del organismo denominados cerebro, corazón y aparato respiratorio símbolo microcósmico del espíritu.

2. El sistema nervioso, con su complejidad de nervios, centros nerviosos y multiplicidad de partes interrelacionadas y sensibles, sirve para coordinar el organismo, producir la respuesta sensible entre los numerosos órganos y partes que lo constitu¬yen, y también para hacer al hombre consciente y sensible de su medio ambiente. Este mecanismo sensorio produce la percep¬ción organizada y la sensibilidad coordinada en el ser humano; primero, dentro de sí mismo como unidad, y segundo, como res¬puesta y reacción sensible al mundo en el que desempeña su parte. Esta estructura nerviosa que coordina, correlaciona y pro¬duce actividad grupal externa e interna, se manifiesta principal¬mente a través de tres partes del sistema nervioso:

a. Sistema cerebro espinal.
b. Sistema sensorio nervioso.
c. Sistema periférico nervioso.

Está íntimamente relacionado con el aspecto energía, y es el mecanismo utilizado por esa energía para vitalizar el cuerpo, pro¬ducir su actividad y funcionamiento coordinados y lograr una rela¬ción inteligente con el mundo en el cual debe desempeñar su par¬te. Está detrás, si puedo utilizar tal expresión, de la naturaleza cor¬pórea propiamente dicha y de la masa de carne, hueso y músculo, motivada y controlada a su vez por dos factores:

a. La suma total de energía que es la cuota individual de energía vital.
b. La energía del medio ambiente donde se encuentra el in¬dividuo, en el cual tiene que actuar y desempeñar su parte.

Este sistema nervioso coordinador, esta red de nervios inter¬relacionados y sensibles, es el símbolo del alma del hombre y la forma externa y visible de una realidad espiritual interna.

3. Finalmente, existe lo que puede describirse como el cuer¬po, conjunto de carne, músculo y hueso, que el hombre lleva con¬sigo, interrelacionado por el sistema nervioso y energetizado por lo que llamamos vagamente su “vida”.

En estos tres, la vida, el sistema nervioso y el conjunto cor¬póreo, hallamos el reflejo y símbolo de la totalidad mayor; me¬diante un estudio detenido y la comprensión de sus funciones y relación grupal, podemos llegar a comprender algunas de las leyes y principios que dirigen las actividades de “Dios en la na¬turaleza” frase sublimemente veraz y finitamente falsa.

Los tres aspectos de la divinidad, o la energía central o espíritu, la fuerza coordinadora o alma, y aquello que ambas uti¬lizan y unifican, constituyen en realidad un principio vital, que se manifiesta en la diversidad. Estos son los Tres en Uno, el Uno en Tres, Dios en la naturaleza y la naturaleza misma en Dios.

Como ilustración y extendiendo el concepto a otros sectores del pensamiento, esta trinidad de aspectos puede verse funcio¬nando como enseñanzas esotéricas, en el mundo de las religio¬nes, en la simbología y doctrinas fundamentales de las grandes religiones mundiales y en las organizaciones exotéricas; en el gobierno constituye la suma total de la voluntad del pueblo, cualesquiera sean las leyes promulgadas y la administración exotérica; en la educación es la voluntad de aprender las artes y las ciencias y los grandes sistemas educativos exotéricos; en la filosofía es el impulso hacia la sabiduría, las escuelas in-terrelacionadas de pensamiento y la presentación externa de las enseñanzas. En esta forma esta eterna triplicidad subsiste en to¬dos los sectores del mundo manifestado, ya sea considerada como lo tangible o lo sensible y coherente, o como aquello que energetiza. A esa actividad inteligente se la ha denominado torpemen¬te “percepción”; constituye la capacidad de percibir implicando así una respuesta sensible al medio ambiente y el mecanismo de esa respuesta, la divina dualidad del alma; finalmente, es la suma total de aquello con que se ha hecho contacto y se conoce, y lo que el mecanismo sensible llega a percibir. Como veremos más adelante, es la comprensión que aumenta en forma gradual, pasando continuamente a reinos más esotéricos e internos.

Estos tres aspectos se perciben en el hombre, divina uni¬dad de la vida. Primero, los reconoce en sí mismo; luego los ve en todas las formas de su medio ambiente, y finalmente aprende a relacionar estos aspectos de sí mismo con análogos aspectos en otras formas de manifestación divina. La relación correcta entre las formas dará como resultado la armonización y el correcto ajuste de la vida en el plano físico. La debida respuesta al me¬dio ambiente dará por resultado la correcta relación con el as¬pecto alma, oculto en todas las formas, y producirá correctas relaciones entre las distintas partes de la estructura nerviosa in¬terna, existente en todos los reinos de la naturaleza subhumana y superhumana. Esto es prácticamente desconocido, pero está siendo rápidamente reconocido; cuando llegue a ser comprobado y comprendido, se descubrirá que en ello reside el fundamento de la hermandad y de la unidad. Así como el hígado, el corazón, los pulmones, el estómago y otros órganos del cuerpo, funcio¬nan y existen independientemente y, sin embargo están unidos y conectados en el cuerpo, mediante el sistema nervioso, así se descubrirá que tanto los organismos como los reinos de la natu¬raleza tienen su vida y funciones independientes, y no obstante están coordinados y correlacionados por un amplio y complicado sistema sensorio, denominado a veces el alma de todas las cosas, el anima mundi, la conciencia subyacente.

Cuando tratamos de las triplicidades, tales como espíritu al¬ma cuerpo, vida conciencia forma, empleadas con tanta frecuen¬cia al hablar de la deidad, es de valor recordar que se refieren a diferenciaciones de la vida una, y cuanto mayor número de es¬tas triplicidades conozcamos, en mayor armonía estaremos con un grupo cada vez más amplio. Pero cuando nos ocupamos de co¬sas ocultas y subjetivas, y el tema sobre el cual se escribe trata sobre lo indefinible, entonces se tropieza con dificultades. No es difícil describir la apariencia personal de un hombre, su ropaje, forma y cosas de las cuales está rodeado. El lenguaje es suficien¬temente amplio para definir lo concreto y el mundo de la forma. Pero cuando se trata de dar una idea de su cualidad, carácter y naturaleza, encaramos inmediatamente el problema de lo desco¬nocido, esa zona indefinible e invisible que presentimos, pero que en un sentido más amplio permanece sin revelar, y hasta incom-prendida por el hombre mismo. ¿Cómo describirlo entonces me¬diante el lenguaje?

Si eso es así respecto al hombre, ¿cuánto mayor, será la difi¬cultad para expresar con palabras esa inexpresable totalidad de la cual se considera que los términos espíritu, alma y cuerpo, son las diferenciaciones principales? ¿Cómo definiremos esa indefinible vida que los hombres, para mayor comprensión, han limitado y separado en una triplicidad de aspectos o personas, dando al todo el nombre de Dios?

No obstante, cuando la trinidad en que diferenciamos a Dios se emplee universalmente y durante épocas, y cuando todos los pueblos antiguos y modernos empleen la misma triplicidad de ideas para expresar el conocimiento intuitivo, entonces se justificará su empleo. Quizás algún día podamos pensar y expresar la verdad en forma diferente, pero para el pensador común de hoy los términos espíritu, alma y cuerpo, representan el cúmulo de la manifestación divina, tanto en la deidad del universo como en esa divinidad menor, el hombre mismo. Dado que este tratado está destinado al ser humano pensador y no a los teólogos cristalizados ni a los científicos que prefieren las teorías, utilizaremos la acostumbrada terminología y trataremos de comprender qué fundamento han tenido las frases con que el hombre ha tratado de explicar a Dios Mismo:

“Dios es espíritu, y quienes Lo adoran deben adorarlo en es¬píritu y en verdad”, afirma una de las Escrituras del mundo. “El hombre se convirtió en un alma viviente”, dice en otro lugar la misma Escritura. “Ruego a Dios que vuestro entero espíritu, al¬ma y cuerpo, puedan mantenerse intachables”, dijo un gran iniciado de la Logia Blanca; y el más grande de todos, presente aún en forma física en la tierra, repitió las palabras de un sabio anterior, cuando dijo: “He dicho que Dioses sois y todos hijos del Altísimo”. En estas palabras la triplicidad del hombre, su divi¬nidad y relación con la vida en Quien vive, se mueve y tiene su ser, son tratados brevemente desde el punto de vista cristiano, y todas las grandes religiones, en frases análogas, se ocupan de esa relación.

a. Espíritu, Vida, Energía.

La palabra espíritu se aplica a ese impulso o Vida indefinible, sutil y esencial, causa de toda manifestación. Es el aliento de Vida y esa afluencia rítmica de energía vital, que a su vez se manifiesta como fuerza atractiva, conciencia o alma, siendo la suma total de la sustancia atómica. Es la correspondencia o analogía, en la gran Existencia o Macrocosmos, de lo que en la pequeña existencia o microcosmos, constituye el factor vital inspirador, denominado la vida del hombre; lo indica el aliento en su cuer¬po, el cual se abstrae o retira cuando termina el curso de su vida.

¿Quién podrá decir qué es este algo? Lo retrotraemos al alma o aspecto conciencia y del alma al espíritu (como llamamos a los tres aspectos del aliento uno), pero en realidad, ¿quién tiene el valor de decir lo que significan estas palabras? Este algo desconocido es denominado con distintos nombres, de acuerdo a nuestra particular escuela de pensamiento; tratamos de expresarlo en palabras y terminamos por llamarlo Espíritu, Vida Una, Mónada, Energía. Recordemos que la comprensión respecto a esta vida una es puramente relativa. Quienes están sumergidos en el aspecto forma de la existencia piensan en términos de vitalidad física, sensación, impulso o fuerza mental, y no van más allá de esa unificada vida conciencia, de la cual lo mencionado son diferenciaciones. Por otra parte quienes se interesan en el acer¬camiento metafísico y en la vida del alma, más que en el aspec¬to forma, expresan su concepto en términos de manifestación del alma y pasando más allá de las reacciones egoístas perso¬nales de la naturaleza corpórea piensan en términos de vida, cualidad, voluntad o poder grupales, de coordinación grupal o amor sabiduría, como también de inteligencia o conocimiento gru¬pal, abarcando todo con el término genérico de hermandad.

Pero aún eso se considera separatista, porque separa en unidades mayores, que lo inferior es incapaz de captar. Por lo tanto, el iniciado, especialmente después de la tercera iniciación, empieza a pensar aún más sintéticamente y a expresar la verdad para sí mismo en términos de Espíritu, Vida, el Uno. Estos términos le indican algo significativo, pero tan apartado del concepto de la humanidad pensante común, que es inútil extenderme más so-bre ello.

Esto me ha conducido a un punto que debe ahora ser dilucidado antes de ampliar el tema. En el párrafo anterior y en Tratado sobre Fuego Cósmico se dice, con frecuencia, que en la enseñanza se llega hasta cierto punto y después se desiste, declarando que debido al punto alcanzado en la evolución del hombre común, su reacción a la verdad será distinta de la del discípulo estudiante o de la del iniciado. Esto necesariamente debe ser así; cada uno interpreta lo que lee según su estado de conciencia; no todos lo hacen en forma tan avanzada como quienes están en una etapa superior en la escala de evolución. Sin embargo, el lector común pone objeciones al obligársele a reconocer puntos de vista más amplios que los propios, y la frase: “Es inútil extenderme sobre esto porque sólo sería comprendido por un iniciado”, sólo sirve para exasperarlo; tiende a hacerle creer que intenta evadirse y que el escritor (por haberse internado demasiado) procura salvar la situación con una declaración de esta naturaleza. Así como un tratado científico resultaría sin sentido y una mera confusión de palabras para el escolar primario, pero aportaría definición y sentido claros al experto en la materia, debido al entrenamiento y desarrollo mental, del mismo modo existen aquellos para quienes el tema del alma y su naturaleza, de acuerdo a como se trata en una instrucción como ésta, es tan nítido y lúcido como lo es la li¬teratura actual para el lector medio y las obras populares para el público en general. De igual modo, aunque en menor número, exis¬ten esas almas avanzadas para quienes el espíritu y su natura¬leza es también un tema racional y comprensible, que puede ser apreciado y comprendido a través del alma y sus poderes, así como es posible llegar a un entendimiento del alma mediante el uso correcto de la mente. En un nivel completamente inferior, sabemos cuán fácil es comprender la naturaleza del cuerpo físico por el estudio y el correcto empleo de la naturaleza del deseo. Es una especie de orgullo y de no querer reconocer las limitaciones temporarias que despierta en el lector el desagrado por ciertas frases que dicen apropiada y verazmente: “Cuando estén más evo¬lucionados comprenderán lo antedicho”. Esto debe ser aclarado.

Para el Maestro de Sabiduría, la naturaleza del espíritu o ese centro positivo de vida que cada forma oculta, no es más misterioso que la naturaleza del alma para el sicólogo esotérico. La fuente de esa vida una, el plano o estado de donde emana esa vida, es el gran Misterio Oculto para los miembros de la Jerar¬quía de adeptos. Para los iniciados superiores al tercer grado, el estudio y tema de sus investigaciones es la naturaleza del espí¬ritu, su cualidad y tipo de energía cósmica, su grado de vibración y sus diferenciaciones cósmicas y básicas. Así obtienen en ese estudio una intuición bien desarrollada, unida a esa capacidad mental interpretativa que han desarrollado en su ciclo de en¬carnación. Emplean la luz interna ya despierta y desarrollada de sus almas para interpretar y comprender esa vida que (separa¬da del mundo de las formas) persiste en los niveles superiores de la conciencia y penetra en nuestro sistema solar desde algún centro externo del ser. Irradian esa luz (que existe en ellos y que manipulan y utilizan) en dos direcciones, debido a que se encuentran en ese estado intermedio, actuando preferentemente en el plano de la intuición o búdico. Vierten esa luz en el mundo de la forma y conocen todas las cosas, interpretándolas correc-tamente; irradian esa luz en los reinos amorfos de los tres planos superiores (sin forma desde el punto de vista del hombre en los tres mundos inferiores al plano intuitivo) y tratan de com¬prender por el crecimiento expansivo y constante, la naturaleza y el propósito de lo que no es ni cuerpo ni alma, ni fuerza ni materia, pero la causa de ambos en el universo.

Oportunamente, cuando el iniciado ha pasado por las inicia¬ciones solares superiores y puede actuar en la conciencia total de la mónada, entonces es posible percibir aquello que hasta está disociado de la forma grupal y de esas envolturas nebulosas que velan y ocultan al Uno. Los tipos más elevados de concien¬cia actúan desde el plano de la mónada, así como el iniciado de grado inferior actúa desde el plano del alma y utiliza los órga¬nos de percepción (si esta frase tan poco convincente es permiti¬da) y los medios de conocimiento sobre los cuales el hombre común no tiene idea alguna; penetran o incluyen dentro de su radio de comprensión esa totalidad de vida, conciencia y forma, de¬nominada Dios. Estos iniciados de alto grado comienzan a per¬cibir una vibración, una luz reveladora, una nota o sonido, que indica la dirección que emana totalmente desde fuera de nuestro sistema solar. La única forma para poder apreciar el proceso se¬guido en la expansión de la divina conciencia del hombre, es estudiar la relación de la mente y el cerebro, y observar lo que ocurre cuando el cerebro se convierte en instrumento inteligente de la mente; luego estudiar la relación del alma con la mente, y lo que acontece cuando el hombre es dirigido por el alma y uti¬liza la mente para controlar las actividades del plano físico me¬diante el cerebro. En los tres alma, mente y cerebro tenemos la analogía y la clave para la comprensión del espíritu, el alma y el cuerpo, y sus funciones mutuas. Éste fue el tema del libro La Luz del Alma. Después de haber perfeccionado las condicio¬nes a las cuales se refiere ese libro, sobreviene otra expansión, cuando el aspecto espíritu, la fuente emanante de la energía del hombre, comienza a emplear el alma (vía la intuición) y a plasmar en la conciencia del alma estas leyes, conocimientos, fuerzas e inspiraciones, que harán del alma el instrumento del espíritu o mónada, así como el hombre individual en la primera etapa se convirtió (por medio de la mente) en instrumento del alma. En dicha etapa el desarrollo fue dual. A medida que el alma asumió control, por intermedio de la mente, el cerebro respondió al alma. El hombre fue despertando a fin de conocerse a sí mismo, tal como realmente era, y a los tres mundos de su evolución normal; más tarde llegó a ser consciente del grupo y ya no era un individuo separado. A medida que el alma va quedando bajo el dominio del espíritu, pueden verse dos etapas análogas.

Primero, el discípulo llega a ser consciente no sólo de su grupo y otros grupos afines, sino que su conciencia se expande hasta lo que podría denominarse conciencia planetaria.
Segundo, empieza a fusionar esa percepción planetaria en algo más sintético, y paulatinamente desarrolla la conciencia de esa vida más grande, que incluye la vida planetaria, así como el hombre incluye en su manifestación física a organismos vivientes tales como el corazón o el cerebro. Cuando esto tiene lugar, empieza a comprender el significado del espíri¬tu, la vida una que está detrás de todas las formas, la energía central, causa de toda manifestación.

La primera reacción del estudiante común al leer lo antedicho es pensar inmediatamente que la naturaleza corporal expresa cualquier tipo de energía. Así la dualidad es la cosa observada, y aquello que utiliza la cosa, presente en su mente. Sin embargo, una de las principales necesidades que actualmente enfrentan los aspirantes esotéricos, es tratar de pensar en términos de la realidad que es la energía misma y nada más. Por lo tanto, es de valor recalcar en la dilucidación de este complicado tema, el hecho de que el espíritu y la energía son términos sinónimos e intercambiables. únicamente comprendiendo esto podemos reconciliar la ciencia con la religión y llegar a una verdadera captación del mundo de los fenómenos activos que nos rodean y en el cual nos movemos.

Los términos orgánico e inorgánico son grandemente responsables de tanta confusión, y también de las bien definidas diferenciaciones que existen en las mentes de muchas personas, entre cuerpo y espíritu, vida y forma, lo cual ha conducido a no admitir la naturaleza esencial e idéntica de ambos. El mundo en que vivimos es considerado por la mayoría como realmente sólido y tangible, que posee sin embargo algún poder misterioso oculto en él, y que engendra movimiento, actividad y cambio. Esto lógicamente está expresado en forma burda, pero es suficiente para resumir tal ignorante actitud.

El científico ortodoxo se ocupa generalmente de las estructuras y relaciones, de la composición de las formas, de la actividad de las partes que componen la forma y de sus interrelaciones y dependencias. Son tema de sus investigaciones los productos y elementos químicos y las funciones y partes que desempeñan, y también su mutua interacción al constituir todas las formas en todos los reinos de la naturaleza. La naturaleza del átomo, de la molécula y de la célula, sus funciones, las cualidades de sus manifestaciones de fuerza y los distintos tipos de actividad, y la solución del problema respecto al carácter y naturaleza de las energías enfocadas y localizadas en las diferentes formas del mundo natural o material reclaman la consideración de las mentes más capacitadas del mundo del pensamiento. No obstante, las preguntas ¿qué es la Vida?, ¿qué es la Energía?, ¿cuál es el proceso de llegar a Ser y cuál es la naturaleza del Ser?, quedan sin respuesta. El problema de por qué y cuál es la causa, se considera infructuoso, especulativo y casi insoluble.

No obstante, mediante la razón pura y el correcto funciona¬miento de la intuición, pueden ser resueltos estos problemas y responderse a tales preguntas. Su solución es una de las revelaciones y realizaciones comunes de la iniciación. Los únicos biólogos verdaderos son los iniciados en los misterios, porque tienen comprensión de la vida y de su propósito y se hallan tan identificados con el principio vida, que piensan y hablan en términos de energía y sus efectos; todas sus actividades, en conexión con la obra de la Jerarquía planetaria, se basan en unas pocas fórmulas fundamentales que se refieren a la vida a medida que ésta se hace sentir a través de sus tres diferenciaciones o aspectos: ener¬gía, fuerza, materia.

Se debería observar aquí que sólo cuando el hombre se comprende a sí mismo, puede llegar a comprender el summum denominado Dios. Ésta es una verdad familiar y esotérica, pero si se la practica conduce a una revelación, lo cual hace que el actual “Dios Desconocido” sea una realidad conocida. Permítanme ilustrar.

El hombre se conoce a sí mismo como un ser viviente y llama muerte a ese misterioso proceso por el cual se retira ese algo que califica comúnmente como aliento de vida. Al retirarse, la forma se desintegra. La fuerza cohesiva y vitalizadora ha desaparecido y se disuelve en sus elementos esenciales aquello que hasta ahora ha sido considerado como el cuerpo.

Este principio vida, esta esencialidad básica del Ser y este factor misterioso y evasivo, es la analogía en el hombre de eso que llamamos espíritu o vida, en el macrocosmos. Así como la vida en el hombre mantiene unida, anima, vitaliza e impulsa la forma a la actividad y lo hace un ser viviente, así la vida de Dios como la llama el cristiano lleva a cabo idéntico propó¬sito en el universo y produce ese conjunto coherente, viviente y vital, llamado sistema solar.

Este principio Vida se manifiesta en el hombre en forma triple:

1. Como voluntad orientadora, propósito e incentivo bá¬sico. Es la energía dinámica que pone en acción a su ser, lo trae a la existencia, fija el término de su vida, lo lleva a través de un largo o corto período de años y se retira al finalizar su ci¬clo de vida. Este espíritu del hombre se manifiesta como vo¬luntad de vivir, de ser, de actuar, de crecer y de evolucionar. En su aspecto inferior actúa a través del cuerpo o naturaleza mental, y en conexión con el físico denso se hace sentir mediante el cerebro.

2. Como fuerza coherente. Es esa cualidad esencial y sig¬nificativa que hace a cada hombre diferente, produce esa compleja manifestación de disposiciones, deseos, cualidades, complejos, inhibiciones, sentimientos y características, que dan origen a la sicología peculiar del hombre. Es el resultado de la interacción entre el aspecto espíritu o energía, y la ma¬teria o naturaleza corpórea. Es el característico hombre sub¬jetivo, su colorido o nota individual; es lo que establece la actividad vibratoria de su cuerpo; produce un tipo particular de forma, y es responsable de la condición y naturaleza de sus órganos, glándulas y aspecto externo. Es el alma y en su aspecto inferior se lo puede ver actuando a través de la naturaleza emocional o astral y, en conexión con el cuerpo físico denso, por medio del corazón.
3. Como actividad de los átomos y células que compo¬nen el cuerpo físico. Es la suma total de esas diminutas vidas, que constituyen los órganos humanos que forman todo el hombre. Tienen vida propia y una conciencia estrictamente individual e identificada. Este aspecto del principio vida ac¬túa por medio del cuerpo etérico o vital y, en conexión con el mecanismo sólido de la forma tangible, a través del bazo.

Por lo tanto, recordemos que no es posible dar una defini¬ción del espíritu como tampoco de Dios. Cuando se dice que el espíritu es la causa inexpresable e indefinible, la energía ema¬nante, la vida una, la fuente del ser, la totalidad de todas las fuerzas, de todos los estados de conciencia y de todas las formas, el conglomerado de vida y aquello que está activamente mani¬festado en esa vida, el yo y el no yo, la fuerza, y todo lo que la fuerza motiva, en realidad estamos eludiendo el problema, pre¬tendiendo hacerlo imposible y ocultando la verdad detrás de un torrente de palabras. Sin embargo, esto es inevitable hasta el momento en que la conciencia del alma es alcanzada y conocida, y el Uno sin forma percibido a través de la clara luz de la in¬tuición.

Una de las primeras lecciones a aprender es que nuestra mente, por no responder aún a las intuiciones ocultas, no pue¬de asegurar si ésta, aquella o tal condición son así; que hasta no actuar en nuestra conciencia del alma, es imposible decir lo que es o lo que no es y hasta no habernos sometido al en¬trenamiento necesario- no estaremos en condiciones de ne¬gar o afirmar nada. Deberíamos adoptar una actitud de inves¬tigación razonable, pues nuestro interés debiera ser el del filósofo investigador, dispuesto a aceptar una hipótesis basada en su posibilidad, pero resuelto a no reconocer nada que no sea una verdad comprobada, conocida por nosotros y en nosotros mismos. Yo, aspirante a los misterios superiores, que los he investigado durante un período más largo de lo que ha sido posible para mu¬chos, puedo escribir sobre cosas que hasta ahora fue imposible demostrar a ustedes o al lector de estas instrucciones. Para mí pueden ser y son verdades y hechos comprobados, y eso me es suficiente. Ustedes deberían considerarlas como indicaciones y posibilidades significativas, respecto a la dirección en que se podría buscar la verdad, pero más allá de ese punto no deberían ir. En el conjunto de estas instrucciones reside su valor y lo descubriremos en la estructura o armazón subyacente en las afir¬maciones coordinadas y correlacionadas que deben ser conside¬radas en su totalidad y no en forma detallada, y por dos razones:

1. El lenguaje, como se dijo anteriormente, no revela la verdad, la oculta. Si se reconoce la verdad, es porque el es¬tudiante investigador ha descubierto un punto de verdad en sí mismo que sirve para iluminar sus pasos a medida que avanza lenta y gradualmente.

2. Hay muchos tipos de mentes y no puede esperarse que los datos suministrados en este tratado, por ejemplo, sean de interés general. Debe tenerse presente que todas las personas son unidades de conciencia, exhaladas de una de las siete emanaciones de Dios. Por consiguiente, hasta sus mónadas, o aspecto espiritual, son inherentemente distintas, de la misma manera que en el prisma (que es una unidad) existen los siete colores diferenciados. Aún esto es así debido a la natura¬leza y punto de vista y al mecanismo de percepción del hom¬bre, cuyo ojo registra y diferencia los variados grados de luz vibratoria. Estos siete grupos subsidiarios producen a su vez variedad de perspectiva, mentalidad y acercamiento, que va¬rían, aunque son igualmente correctos, pero presentan todos un ángulo de visión levemente diferente. Cuando a la com¬prensión de esto se unen factores como ser las diferentes eta¬pas de evolución, las distintas nacionalidades y característi¬cas, las diferencias inherentes, producidas por medio de la interacción entre el cuerpo físico implicado y el medio am¬biente, será evidente que ningún acercamiento a temas tan complejos como la naturaleza del espíritu y el alma, podrán tener una definición general ni se someterán a una termino¬logía universal.

b. El Alma, el Mediador o Principio medio.

Existen dos ángulos o puntos de vista, desde donde se debe comprender la naturaleza del alma: uno, es el aspecto del alma en relación al cuarto reino de la naturaleza, es decir, el humano; el otro, es el de los reinos subhumanos, los cuales, como se re¬cordará, son reflejo de los tres superiores.

Debería recordarse que el alma de la materia, el ánima mun¬di, es el factor sensible en la sustancia misma. La respuesta de la materia en todo el universo, y esa facultad innata en todas las formas, desde el átomo físico hasta el sistema solar astronó¬mico, produce la innegable actividad inteligente que todas las cosas manifiestan. Se la puede denominar energía atractiva, co¬herencia, sensibilidad, vivencia, percepción o conciencia, pero quizás más iluminador sería decir que el alma es la cualidad manifestada por todas las formas. Es ese algo sutil que diferencia un elemento de otro, un mineral de otro. Es la intangible natu-raleza esencial de la forma, que en el reino vegetal determina si germinará una rosa o una coliflor, un olmo o un berro; es ese tipo de energía que diferencia la variadas especies del reino ani¬mal y hace que un hombre sea distinto de otro en aspecto, naturaleza y carácter. El científico ha clasificado, investigado y ana¬lizado las formas; se han seleccionado y adjudicado nombres a los elementos, a los minerales, a las formas de vida vegetal y a las distintas especies de animales; se ha estudiado la estructura de las formas y la historia de su progreso evolutivo y se han hecho deducciones y llegado a conclusiones, pero la solución del problema de la vida misma, escapa aún al más sabio, y hasta que la comprensión de la “trama de la vida” o cuerpo de vitalidad, que fundamenta toda forma y vincula a cada parte de una for¬ma con todas las demás, no sea conocida y reconocida como rea¬lidad en la naturaleza, el problema quedará insoluble.

Quizás sea algo más factible definir al alma que definir al espíritu, porque muchas personas, habiendo experimentado al¬guna vez la iluminación, cierto desenvolvimiento, elevación y beatitud, se han convencido de la existencia de un nivel de con¬ciencia tan alejado de lo común, que los lleva a un nuevo estado del ser y a un nuevo nivel de conciencia. Es algo que se siente y se experimenta, e involucra esa expansión síquica que ha re¬gistrado el místico a través de las épocas, a la que se refirió San Pablo cuando dijo que fue “arrebatado hasta el tercer cielo” y que oyó cosas que no es lícito que un hombre las pronuncie. Cuando el oído y la vista registran experiencias en esos niveles, tenemos entonces al ocultista más el místico.

1. El alma, macrocósmica y microcósmica, universal y humana, es esa entidad que viene a la existencia cuando los aspectos es¬píritu y materia se relacionan mutuamente. Por lo tanto:

a. El alma no es ni espíritu ni materia, sino que relaciona a ambos.
b. El alma es la intermediaria de esta dualidad; constituye el principio medio, el vínculo entre Dios y Su forma.
c. El alma es, por consiguiente, otro nombre para el principio crístico, ya sea en la naturaleza o en el hombre.

2. El alma es la fuerza atractiva del universo creado y (cuan¬do actúa) mantiene todas las formas unidas de tal modo que, a través de ellas, la vida de Dios puede manifestarse o expresarse. En consecuencia:

a. El alma es el aspecto constructor de formas y el factor atractivo de todas las formas del universo, del planeta, de los reinos de la naturaleza y del hombre (que reúne en sí todos los aspectos); trae la forma a la existencia; le permite desarrollarse y crecer a fin de albergar más adecuadamente la vida inmanente; impele adelante a todas las criaturas de Dios en el sendero de la evolución, a través de un reino tras otro, hacia una meta final y una gloriosa consumación.
b. El alma es la fuerza de la evolución misma y esto esta¬ba presente en la mente de San Pablo cuando habló de “Cristo en vosotros, esperanza es de gloria”.

3. El alma se manifiesta de diferentes maneras en los varia¬dos reinos de la naturaleza, pero su función es siempre la misma, ya se trate de un átomo de sustancia y del poder que posee para mantener su identidad y forma y llevar a cabo su correspon¬diente actividad, o una forma en cualesquiera de los tres reinos de la naturaleza, mantenida en coherencia, manifestando sus ca¬racterísticas, llevando su propia vida instintiva y trabajando en conjunto hacia algo más elevado y mejor. Por lo tanto, el alma:

a. Proporciona las marcadas características y las diversas manifestaciones de la forma.
b. Actúa sobre la materia, obligándola a asumir ciertos contornos, a responder a ciertas vibraciones y a construir esas formas fenoménicas específicas que en el mundo del plano físico reconocemos como mineral, vegetal, animal y humano y para el iniciado también existen otras formas.

4. Las cualidades, vibraciones, colores y características de todos los reinos de la naturaleza, son cualidades del alma, como lo son los poderes latentes en determinada forma, que tratan de expresarse y demostrar potencialidad. Al terminar el período evolutivo, todas éstas revelarán la naturaleza de la vida divina y del alma del mundo esa superalma que está revelando el carácter de Dios. Por lo tanto:

a. El alma, mediante estas cualidades y características, se manifiesta como consciente respuesta a la materia, pues las cualidades se producen por medio de la interacción de los pares de opuestos, espíritu y materia, y su mutuo efecto. Ésta es la base de la conciencia.
b. El alma es el factor consciente en todas las formas, la fuente de esa percepción que registran todas las formas y esa respuesta a las condiciones grupales circundantes que demues¬tran las formas en todos los reinos de la naturaleza.
c. Se puede definir al alma como ese aspecto significativo en cada forma (creado por la unión de espíritu y materia) que siente, registra percepción, atrae y repele, responde o no, y mantiene a todas las formas en una constante actividad vi-bratoria.
d. El alma es el ente perceptor, producido por la unión Padre Espíritu y Madre Materia. Es lo que en el mundo vegetal, por ejemplo, responde a los rayos solares y provoca la apertura del capullo; en el reino animal permite al animal amar a su amo, cazar su presa y llevar su vida instintiva, y hace consciente al hombre de su medio ambiente y de su grupo, permitiéndole vivir su vida en los tres mundos de su evolución normal como espectador, perceptor y actor. Eventualmente lo capacita, en su oportunidad, para descubrir que su alma es dual, y una parte de sí mismo responde al alma animal y la otra reconoce a su alma divina. Sin embargo, en la actualidad, muchos no funcionan plenamente como puramente animales ni estrictamente divinos, pero pueden ser considerados como que son almas humanas.

5. Para mayor claridad, el alma del universo puede ser dife¬renciada o, mejor dicho, reconocida (debido a las limitaciones de la forma mediante la cual tiene que actuar dicha alma) ba¬jo diferentes grados de vibración y etapas de desarrollo. Por lo tanto, la naturaleza del alma en el universo se manifiesta en cier¬tos grandes estados de conciencia, con muchas condiciones inter¬medias, de las cuales se pueden enumerar las más importantes, que son:

a. Conciencia, o ese estado de percepción de la materia misma, debido al hecho que la Madre Materia ha sido fecun¬dada por el Padre Espíritu y así la vida y la materia se han unido. Este tipo de conciencia concierne al átomo, a la mo¬lécula y a la célula, con los cuales están construidas todas las formas. Así se produce la forma del sistema solar, de un planeta y de todo lo que se encuentra sobre o dentro de él.
b. Conciencia sensoria inteligente, es decir, la evidenciada en los reinos mineral y vegetal. Es responsable de la cua¬lidad, forma y colorido, de las formas vegetales y minerales y de sus naturalezas específicas.
c. Conciencia animal, la percepción de la respuesta del alma de todas las formas del reino animal. Produce sus ca¬racterísticas, especies y naturaleza.
d. La conciencia humana o autoconciencia, hacia la cual se ha dirigido paulatinamente el desarrollo de la vida, de la forma y de la percepción, en los otros tres reinos. Este tér¬mino concierne a la conciencia individual del hombre, que en las primeras etapas es más animal que divina, debido al predominio del cuerpo animal con sus instintos y tendencias. H. P. B. define al hombre con exactitud como “un animal más un Dios”. Posteriormente, él es más estrictamente humano, pues no es ni esencialmente animal ni totalmente divino, si¬no que fluctúa entre las dos etapas, convirtiendo así al reino humano en el gran campo de batalla entre los pares de opuestos, entre el impulso y la atracción del espíritu y la seducción de la materia o madre naturaleza, y entre lo que se denomina el yo inferior y el hombre espiritual.
e. Conciencia grupal, es la conciencia de las grandes su¬mas o totalidades, alcanzada por el hombre, desarrollando an¬te todo su conciencia individual, summum de las vidas de sus naturalezas animal, emocional y mental, además de la chispa de divinidad que mora dentro de la forma que aquellas producen. Luego viene la percepción de su grupo, especificado en ese grupo de discípulos que trabaja dirigido por algún Maestro, y que para él representa la Jerarquía. La Jerarquía puede ser definida como la totalidad de los hijos de los hombres que ya no están centrados en la autoconciencia individualizada, sino que han entrado en una comprensión más amplia, la de la vida planetaria grupal. Hay etapas en esta comprensión, que van desde ese ínfimo reconocimiento grupal del discípulo en probación, hasta la plena percepción grupal de la vida en Quien todas las formas tienen su ser, la conciencia del Logos planetario, ese “Espíritu ante el Tro¬no”, manifestándose a través de la forma de un planeta, así como el hombre se manifiesta por medio de su forma en el reino humano.

Al alma, por lo tanto, podría considerársela como sensibi¬lidad unida y percepción relativa, de lo que está detrás de la forma de un planeta y de un sistema solar, los cuales constituyen la suma total de las formas, orgánicas o inorgánicas, según las diferencia el materialista. El alma, aunque constituye una gran totalidad, está sin embargo limitada en su expresión por la na¬turaleza y la cualidad de la forma en que reside y, en consecuencia, hay formas que responden y expresan altamente al alma y otras que debido a su densidad y a la cualidad de los átomos que las componen son incapaces de reconocer los aspectos superiores del alma o expresar algo más que su vibración, tono o color inferio¬res. Lo infinitamente pequeño es reconocido, lo infinitamente vas¬to se supone, pero será considerado como un concepto hasta el momento en que la conciencia del hombre sea incluyente además de excluyente. Este concepto será comprendido cuando se haga contacto con el segundo aspecto, y los hombres comprendan la naturaleza del alma. Debe recordarse también que así como la tri¬plicidad básica de la manifestación se expresó simbólicamente en el hombre como su cuota de energía (energía física), su sistema nervioso y su conjunto corpóreo, así también el alma puede ser conocida como una triplicidad, analogía superior de lo inferior.

En primer lugar existe lo que se podría llamar la voluntad espiritual esa cuota de la voluntad universal que puede expresar cualquier alma, siendo adecuada para permitir al hombre es¬piritual colaborar con el plan y con el propósito de la gran vida en la que tiene su ser. Existe asimismo la segunda cualidad del alma que es el amor espiritual, cualidad de conciencia grupal, de inclusividad, de mediador, de atracción y de unificación. Ésta es la característica preponderante del alma, y sólo ella la posee co¬mo factor dinámico. El espíritu o mónada, es principalmente la expresión de la voluntad, teniendo el amor y la inteligencia como principios secundarios; la naturaleza corporal, la personalidad, se distingue predominantemente por la inteligencia; pero el alma tiene, en forma destacada, la cualidad de amor que se manifies¬ta además como sabiduría cuando la inteligencia de la naturaleza corporal está fusionada con el amor del alma. La siguiente clasifi¬cación aclarará este concepto.

Mónada Voluntad Propósito

1er. Aspecto…..Voluntad, que permite a la mónada participar en el propósito universal.

2do. Aspecto…..Amor, energía vertida en el alma, que la convierte en lo que es.

3er. Aspecto…..Inteligencia, trasmitida vía el alma y llevada a la mani¬festación por intermedio del cuerpo.

Alma Amor Método

1er. Aspecto…..Voluntad, mantenida en pasividad, pero expresada me¬diante el aspecto mental de la personalidad y del kundalini, que al ser despertado correctamente, posibilita las iniciaciones finales en la conciencia de la mónada.
2do. Aspecto…..Amor, fuerza dominante de la vida del alma; mediante su posesión y tipo de energía, el alma puede estar en relación con todas las almas. Por medio del cuerpo emo¬cional ella puede estar en contacto con todas las almas animales o subhumanas, a través de su actuación en su propio plano, con las almas en meditación de todos los hombres, y por intermedio del principio budi, con el segundo aspecto de la mónada.
3er. Aspecto…..Conocimiento. Este aspecto es puesto en contacto con la inteligencia de todas las células en el triple mecanismo corpóreo.

Un detenido estudio de lo que antecede, evidencia la actua¬ción del alma como mediadora entre la mónada y la personalidad.

La personalidad oculta en sí misma, como un estuche la joya, ese punto de luz del alma llamada la luz en la cabeza. Se halla dentro del cerebro, y sólo se descubre y más tarde se utiliza, cuan¬do el aspecto superior de la personalidad, la mente, está desarro¬llado y activo. Entonces tiene lugar la unión de la mente con el alma, actuando ésta a través de la naturaleza personal inferior.

El alma oculta dentro de sí, como la “joya en el loto” ese don de energía dinámica atributo manifestado de la mónada, la vo¬luntad. Cuando el alma haya desarrollado todos sus poderes y aprendido a incluir dentro de su conciencia todo lo comprendido en “las miríadas de formas que adopta el Ser” entonces es posible a su vez un estado superior o más incluyente, y la vida del alma será reemplazada por la vida monádica. Esto implica la capa-cidad de conocer, de amar y de participar en los planes de una vida que tiene el poder de incluir en su radio de conciencia, no sólo la suma total de las vidas y conciencia de la vida del Logos de nuestro planeta, sino todas las vidas y conciencias dentro de nuestro sistema solar. La naturaleza de esta percepción sólo la puede comprender el hombre que ha llegado al conocimiento del alma. En esta época hay gran necesidad de expertos en la vida del alma y de grupos de hombres y mujeres que, al emprender el gran experimento y la gran transición, agreguen su testimonio a la verdad de las afirmaciones de los místicos y ocultistas de todos los tiempos.

c. El Cuerpo, la Apariencia fenoménica.

No es necesario extendernos mucho sobre esto, pues la na¬turaleza corporal y aspecto forma han sido el objeto de investi¬gación y el tema de reflexión y discusión de los pensadores du¬rante muchos siglos. Gran parte de sus conclusiones son básica¬mente correctas. El investigador moderno admitirá la Ley de Analogía como base de sus premisas y reconocerá a veces que la teoría hermética “como arriba, es abajo” puede arrojar mu¬cha luz a los problemas actuales. Los siguientes postulados po¬drán servir para aclarar esto:

1. El hombre, en su naturaleza corporal, es una suma total, una unidad.
2. Esta suma total se subdivide en muchas partes y orga¬nismos.
3. Sin embargo, estas múltiples subdivisiones funcionan de modo unificado y el cuerpo es una totalidad correlacionada.
4. Cada una de sus partes difiere en forma y función, pe¬ro todas son interdependientes.
5. Cada parte y organismo están a su vez compuestos de mo¬léculas, células y átomos, manteniéndose unidos en forma de un organismo, por la vida de la totalidad.
6. La suma total llamada hombre se divide aproximada¬mente en cinco partes, unas de mayor importancia que otras, pero todas completando ese organismo viviente de-nominado ser humano.

a. La cabeza.
b. El torso superior, la parte arriba del diafragma.
c. El torso inferior, la parte abajo del diafragma.
d. Los brazos.
e. Las piernas.

7. Estos organismos sirven distintos propósitos; de su co¬rrecto funcionamiento y debido ajuste, depende el bie¬nestar de la totalidad.
8. Cada uno tiene vida propia, la suma total de la vida de su estructura atómica, y está también animada por la vida unificada del todo, dirigida desde la cabeza por la voluntad inteligente, o energía del hombre espiritual.
9. La parte importante del cuerpo es esa triple división, la cabeza y el torso superior e inferior. El hombre puede funcionar y vivir sin brazos ni piernas.
10. Cada una de estas tres partes es también triple en el as¬pecto físico, formando así la analogía de las tres partes de la naturaleza del hombre y el nueve de la vida moná¬dica perfecta. Hay otros órganos, pero los enumerados tienen significación esotérica de mayor valor que las otras partes.

a. Dentro de la cabeza tenemos:

1. Los cinco ventrículos del cerebro, o lo que po¬dríamos denominar el cerebro como organismo unificado.
2. Las tres glándulas: carótida, pineal y pituitaria.
3. Los dos ojos.

b. En la parte superior del cuerpo tenemos:

1. La garganta.
2. Los pulmones.
3. El corazón.

c. En la parte inferior del cuerpo tenemos:

1. El bazo.
2. El estómago.
3. Los órganos sexuales.

11. La suma total del cuerpo también es triple:

a. La piel y la estructura ósea.
b. El sistema vascular o sanguíneo.
c. El triple sistema nervioso.

12. Cada una de estas triplicidades corresponde a las tres partes de la naturaleza del hombre:

a. La naturaleza física: La piel y la estructura ósea son analogía del cuerpo denso y etérico del hombre.
b. La naturaleza del alma: Los vasos sanguíneos y el sistema circulatorio son analogías de esa alma que penetra y compenetra todas las partes del sistema solar, así como la sangre llega a todas las partes del cuerpo.
c. La naturaleza del espíritu: El sistema nervioso, cuan¬do energetiza y actúa a través de todo el hombre fí¬sico, es la correspondencia de la energía del espíritu.

13. En la cabeza tenemos la analogía del aspecto espíritu, la voluntad directriz, la mónada, el Uno:

a. El cerebro, con sus cinco ventrículos, es la analogía de la forma física que el espíritu anima en conexión con el hombre, esa quíntuple suma total por la cual el espíritu se expresa en el plano físico.
b. Las tres glándulas en la cabeza están estrechamen¬te relacionadas con el alma, o la naturaleza síquica (superior e inferior).
c. Los dos ojos equivalen a la mónada en el plano físico, la cual es voluntad y amor sabiduría, o atma-¬budi, según la terminología ocultista.

14. La parte superior del cuerpo es la analogía de la triple naturaleza del alma:

a. La garganta, corresponde al tercer aspecto creador o naturaleza corporal, la inteligencia activa del alma.
b. El corazón, amor sabiduría del alma, el principio bú¬dico o crístico.
c. Los pulmones, analogía del aliento de la vida, son la analogía del espíritu.

15. En el torso inferior tenemos este triple sistema:

a. Los órganos sexuales, el aspecto creador, modelador del cuerpo.
b. El estómago, como la manifestación física del plexo solar, es la analogía de la naturaleza del alma.
c. El bazo, el receptor de energía, y por lo tanto la ex¬presión en el plano físico del centro que recibe esta energía, es la analogía del espíritu que energetiza.

El cuerpo vital es la expresión de la energía del alma y tiene la siguiente función:

1. Unificar y vincular la suma total de las formas.

2. Dar a toda forma su cualidad específica, y ello por:

El tipo de materia atraída a esa Parte particular de la trama de la vida.
La posición en el cuerpo del Logos planetario, por ejemplo, de cualquier forma específica.
El particular reino de la naturaleza que está siendo vitalizado.

3. Es el principio de integración y la fuerza cohesiva de la manifestación, en sentido estrictamente físico.

4. Esta trama de vida es la analogía subjetiva del sistema nervioso, y quienes se inician en las ciencias esotéricas pueden, si recuerdan esto, visualizar una red de nervios y de plexos que se extiende por todo el cuerpo, o la suma total de las formas, que coordinan, conectan y producen la unidad esencial.
5. Dentro de esa unidad hay diversidad. Así como los diferentes órganos del cuerpo humano están interrelacionados por la ramificación del sistema nervioso, así dentro del cuerpo del Logos planetario están los distintos reinos de la naturaleza y la multiplicidad de formas. Tras el universo objetivo existe el cuerpo sensible más sutil un solo organismo, no muchos, una sola forma sen¬sitiva, que se conecta y responde.
6. Esta forma sensitiva no sólo responde al medio ambiente, sino que trasmite (desde fuentes internas) ciertos tipos de energía, y podría afirmarse que el objeto de este tratado es considerar los diversos tipos de energía trasmitida a la forma en el reino humano, la respuesta de la forma a los tipos de fuerza, los efectos de esa fuerza en el hombre y su gradual respuesta a la fuerza que emana de:

a. Su medio ambiente, más la de su propio cuerpo físico externo.
b. El plano emocional o fuerza astral.
c. El plano mental o corrientes de pensamiento.
d. La fuerza egoica, sólo registrada por el hombre, de la cual el cuarto reino de la naturaleza es el custodio y tiene efectos misteriosos y peculiares.
e. El tipo de energía que produce la concreción de ideas en el plano físico.
f. La energía estrictamente espiritual o fuerza proveniente del plano monádico.

En el reino humano estos diferentes tipos de fuerzas pueden ser registrados. Algunos de ellos pueden ser registrados en los reinos subhumanos, y el mecanismo del cuerpo vital del hombre está construido de tal modo que mediante sus tres manifestaciones objetivas, el triple sistema nervioso, a través de los siete plexos mayores, los ganglios nerviosos menores y los miles de nervios el entero hombre objetivo puede responder a:

a. Los tipos de fuerza ya mencionados.
b. Las energías generadas en cualquier parte de la trama etérica planetaria de la vida y emanando de ella.
c. La trama solar de la vida.
d. Las constelaciones del zodíaco que parecen tener un efec¬to real sobre nuestro planeta, acerca de las cuales la astrología constituye un estudio aún inmaduro.
e. Ciertas fuerzas cósmicas que, como se comprenderá más adelante, actúan sobre nuestro sistema solar y producen cambios en él y, por consiguiente, en nuestro planeta y en todas las formas de esa vida planetaria y dentro de ella. Esto ha sido mencionado en Tratado sobre Fuego Cósmico.

A todas ellas responde la trama planetaria de la vida y, cuan¬do los astrólogos trabajen en forma esotérica y tengan en cuenta el horóscopo planetario, llegarán más rápidamente a una com¬prensión de las influencias zodiacales y cósmicas.

El ánima mundi es lo que está detrás de la trama de la vida. Esta última es sólo el símbolo físico de esa alma universal, el signo externo y visible de la realidad interna, la concreción de esa entidad sensible que responde y vincula espíritu y materia. A esta entidad se la denomina Alma Universal, principio medio desde el punto de vista de la vida planetaria. Cuando se limita el concepto a la familia humana y el hombre es considerado in-dividualmente, se lo llama principio mediador, porque el alma del género humano no sólo es una entidad que vincula espíritu y materia, mediadora entre la mónada y la personalidad, sino que tiene que desempeñar una función singular como mediadora en¬tre los tres reinos superiores de la naturaleza y los tres inferio¬res. Los superiores son:

1. La Jerarquía espiritual de nuestro planeta, espíritus de la naturaleza o ángeles y espíritus humanos, que se ha¬llan en un punto especial en la escala de evolución. De éstos, Sanat Kumara, que encarna un principio del Logos planetario, es el superior, y un iniciado de primer grado es el inferior, con sus correspondientes entidades, dentro de lo denominado el reino angélico o dévico.
2. La Jerarquía de Rayos ciertas agrupaciones de los sie¬te rayos en relación con nuestro planeta.
3. La Jerarquía de Vidas, extraídas de nuestra evolución planetaria y de otros cuatro planetas, por un proceso evo¬lutivo, encarnan en sí mismas el propósito y el Plan del Logos solar, en relación con los cinco planetas involu¬crados.

Al limitar el concepto al microcosmos, el ego o alma actúa en realidad como el principio medio que une a la Jerarquía de Mónadas con las formas externas diversificadas, que ellas usan sucesivamente en el proceso de:

a. Alcanzar ciertas experiencias, por las cuales se adquie¬ren atributos.
b. Llevar a cabo ciertos efectos, iniciados en un sistema an¬terior.
c. Cooperar en el plan del Logos solar, en relación con Su (si es permitido emplear un pronombre al hablar de una vida que constituye una existencia, no obstante ser un con¬cepto divulgado) karma algo que a menudo se pa¬sa por alto. Este Su karma, debe ser consumado por el mé¬todo de la encarnación y el consiguiente resultado que produce la energía encarnada sobre la sustancia de la forma. Está simbolizado para nosotros, si pudiéramos comprenderlo, en la relación del sol y la luna. “El Señor solar, con su calor y su luz, energetiza a los moribundos Señores lunares para una vida espúrea. Ésta es la gran desilusión, y el Maya de Su Presencia”. Así reza El An¬tiguo Comentario citado a menudo en mis obras anteriores. El concepto antedicho encierra en sí una verdad para el alma individual.

Este principio medio se halla en proceso de revelarse ahora. El aspecto inferior está activo. El superior permanece desconoci¬do, pero aquello que los vincula (y al mismo tiempo revela la naturaleza del superior) está en vísperas de ser descubierto. La estructura o mecanismo, ya está preparada y desarrollada, has¬ta donde es de utilidad; la vida vital que puede guiar y movili¬zar la máquina también está presente, y el hombre puede ahora usar y controlar inteligentemente no sólo la máquina, sino tam¬bién el principio activo.

El gran símbolo del alma en el hombre es su cuerpo etérico o vital, por las siguientes razones:

1. Constituye la analogía física del cuerpo interno de luz, llamado el cuerpo del alma, el cuerpo espiritual. Se lo denomina el “cuenco dorado”, en la Biblia, y se carac-teriza por:

a. Su cualidad de luz.
b. Su grado de vibración, que se sincroniza siempre con el desarrollo del alma.
c. Su fuerza coherente, vinculando y conectando cada parte de la estructura corpórea.

2. Es la microcósmica “trama de vida”, pues subyace en cada parte de la estructura física, y tiene tres propósitos:

a. Llevar por todo el cuerpo el principio vital, la ener¬gía que produce actividad, efectuándolo por medio de la sangre, siendo el punto focal de esta distribución el corazón. Es el portador de la vitalidad física.
b. Permitir al alma humana u hombre espiritual, po¬nerse en armonía con su medio ambiente. Esto se lleva a cabo por intermedio del entero sistema ner-vioso, y el punto focal de esta actividad es el cerebro, asiento de la receptividad consciente.
c. Producir oportunamente, por medio de la vida y la conciencia, una radiante actividad o manifestación de gloria, que hará de cada ser humano un centro activo para distribuir luz y energía atractiva a otros, en el reino humano, y a través de éste, a los reinos sub¬humanos. Esto constituye parte del plan del Logos planetario, cuya finalidad es vitalizar y renovar la vibración de esas formas que designamos huma¬nas.

3. Este símbolo microcósmico del alma no sólo es la base de toda la estructura física, símbolo del ánima mundi o alma del mundo, sino que es indivisible, coherente y una entidad unificada, y simboliza así la unidad y homoge¬neidad de Dios. No existen organismos separados en él, sino simplemente un cuerpo de fuerza que fluye libre-mente, siendo ella una mezcla o unificación de dos tipos de energía en variadas cantidades, energía dinámica y energía atractiva o magnética. Ambos tipos caracterizan análogamente al alma universal, la fuerza de la voluntad y del amor o de atma y budi, y la actuación de ambas fuerzas sobre la materia atrae al cuerpo etérico de to¬das las formas, los átomos físicos necesarios, y -habiéndolos atraído por la fuerza de voluntad, los impele a iniciar ciertas actividades.
4. Este coherente y unificado cuerpo de luz y energía es el símbolo del alma porque contiene dentro de sí siete puntos focales, en los cuales la condensación, si puede denominársela así, de las dos energías mezcladas, se in¬tensifica. Estos corresponden a los siete puntos focales en el sistema solar, donde el Logos solar enfoca Sus ener-gías a través de los siete Logos planetarios. Esto se am¬pliará más adelante. El punto que debe observarse aquí es sencillamente la naturaleza simbólica del cuerpo etérico o vital, pues mediante la comprensión de la naturaleza de las energías desplegadas y la naturaleza unificada de la forma y de la tarea, podrá captarse una idea del trabajo del alma, principio medio de la naturaleza.
5. Si recordamos que el cuerpo etérico vincula al cuerpo estrictamente físico o denso, con el cuerpo puramente sutil, el astral o emocional, entonces el símbolo también se aplica aquí. En esto vemos el reflejo del alma en el hombre, que vincula a los tres mundos (correspondientes a los aspectos sólido, líquido y gaseoso, del cuerpo estric-tamente físico del hombre) con los planos superiores del sistema solar, vinculando así el plano mental con el bú¬dico y la mente con los estados de conciencia intuitivos.

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