MIS primeras palabras sobre este tema serán de índole entera¬mente preliminar. Trataré de sentar las bases para encarar, en forma algo distinta -y bastante más esotérica- la ciencia de la astrología. Me referiré a algunas cosas que probablemente podrán ser calificadas por los astrólogos académicos y sin inspiración, como revolucionarias y erróneas, improbables o indemos¬trables. Sin embargo, la astrología no ha demostrado todavía realmente su valor al mundo del pensamiento y de la ciencia, a pesar de los muchos éxitos definidamente demostrables. Por lo tanto, pediré a quienes leen y estudian esta parte del Tratado sobre los Siete Rayos, que tengan en cuenta el comentario anterior y estén dispuestos a considerarlo como hipótesis, esforzándose por analizar la teoría o sugerencia, y por comprobar las conclusiones a que se ha llegado en pocos años. Si pueden hacerlo, sobrevendrá un despertar de la intuición que convertirá a la astrología moderna en algo de mucha importancia y significación para el mundo. La astrología intuitiva reemplazará eventualmente a lo que hoy se llama astrología, retornando de este modo al conocimiento de esa antigua ciencia que relacionó las constelaciones y nuestro sis¬tema solar, atrajo la atención sobre la naturaleza del zodíaco e informó a la humanidad sobre las interrelaciones básicas que rigen y controlan los mundos fenoménico y subjetivo.

1. Tres Afirmaciones Básicas.

La afirmación hecha frecuentemente de que la astrología es una ciencia exacta, a pesar de las muchas computaciones matemá¬ticas, está lejos de serlo. Lo curioso es que está basada en la ilu¬sión, y como bien saben, el zodíaco sólo es el recorrido imaginario del sol a través de los cielos, desde el punto de vista de nuestro insignificante planeta. El sol no está en ningún signo del zodíaco, sino simplemente parece estarlo al pasar entre nuestra pequeña esfera -la Tierra- y las constelaciones, en cualquier estación o tiempo determinado.

Antiguamente se creía que la Tierra era el centro del sistema solar, y que alrededor de ella giraban el sol y los demás planetas. Ésta era la posición y conocimiento exotérico, no la comprensión esotérica. Posteriormente, cuando nuevos descubrimientos trajeron mayor luz a la mente humana, nuestro planeta fue descentralizado y la verdad fue vista con mayor claridad, aunque todavía queda mucho por descubrir, lo cual podría ser hasta de naturaleza revo¬lucionaria. Desde ciertos ángulos astrológicos debe tener lugar un proceso similar de descentralización y el sistema solar ya no debe considerarse un punto alrededor del cual gira el zodíaco, o a través del cual el sol pasa durante su gran ciclo de aproximada¬mente 25.000 años. Los astrólogos que poseen visión interna podrán negar que ésta sea la actitud comúnmente adoptada, sin embargo -a fin de esclarecerla y en conexión con el público en general- la inferencia es permitida y aceptada por los ignorantes. Sobre esta teoría, concerniente al zodíaco, se apoya am¬pliamente lo que denominamos la Gran Ilusión. Quisiera que recuerden esto al estudiar juntos las nuevas formas de encarar la más grande y antigua de todas las ciencias. La astrología es una ciencia que debe volver a su original belleza y verdad, para que el mundo pueda obtener una perspectiva más veraz y una apreciación más justa y exacta del Plan divino, tal como es expresado en la actualidad por medio de la Sabiduría de las Edades.

La segunda afirmación que quisiera hacer es que en la actualidad la astrología es esencialmente la más pura presenta¬ción de la verdad esotérica en el mundo, porque es la ciencia que trata de las fuerzas y energías que condicionan, rigen y actúan a través del espacio, y sobre él y todo lo que en éste se encuentra. Cuando sea captado este hecho, cuando el origen de esas energías sea mejor comprendido y la naturaleza del espacio correctamente captada, tendremos un horizonte más amplio y más íntimamente relacionado; las relaciones entre entidades indivi¬duales y planetarias, del sistema y del cosmos, serán entonces conocidas y comenzaremos a vivir científicamente, vivir científico que es el propósito inmediato de la astrología.

Aquél que cree actualmente en la astrología adopta por lo común la posición de que él es un individuo importante -por lo menos para él-, que vive sobre ese importante planeta, la Tierra (importante para la humanidad), y que por medio de la astrología puede descubrir su destino y saber lo que debe hacer.

No me refiero en este comentario a esos pocos astrólogos que poseen un verdadero conocimiento esotérico, siendo en realidad muy pocos, y sólo un puñado de ellos lo practican actualmente. Al investigador moderno le agrada creer que sobre y a través de él hacen impacto y fluyen esas energías que provienen del signo en el cual está el sol en el momento de su nacimiento: considera que él responde a las fuerzas de los distintos planetas, a medida que rigen las casas de su horóscopo, y cree que las tendencias y circunstancias de su vida están determinadas así. Esto le hace creer que él es un factor importante aislado. Las interpretaciones modernas no recalcan la importancia del signo naciente (el ascendente), lo cual se debe a que muy pocos están preparados para actuar como almas y tampoco tienen en cuenta las energías que actúan constantemente sobre nuestro planeta, procedentes de otras constelaciones o de muchos planeas “ocultos”. En la Sabi¬duría Eterna se dice que existen alrededor de setenta de estos planetas en nuestro sistema solar.

Quisiera presentar un cuadro más verdadero y exacto. Esto es posible ahora porque la percepción, la relación y la integridad grupales, comienzan a ocupar un lugar prominente en la con¬ciencia humana. A medida que esto sucede, la personalidad, que es individualista, separatista y autocentrada, retrocederá acrecentadamente a segundo término, y el alma que posee conciencia grupal y es incluyente y no separatista, irá destacándose cada vez más. En consecuencia, desaparecerá gradualmente el interés por el horóscopo individual, y el cuadro planetario universal y del sistema ocupará un lugar prominente en la conciencia del indi-viduo. El hombre se considerará a sí mismo como parte integrante de un todo mucho más importante, y se interesará más por el grupo mundial, que de sí mismo, como individuo.

Por lo tanto no me ocuparé del tema de la astrología esoté¬rica desde el punto de vista del horóscopo. Las relaciones univer¬sales, la interacción de energías, la naturaleza de lo que se halla detrás de la Gran Ilusión, la engañosa “apariencia de las cosas tal como son” y el destino de nuestro planeta, de los reinos de la naturaleza y de la humanidad como un todo, constituyen las partes más importantes de nuestro tema.

No me preocupa si los astrólogos modernos aceptan o recha¬zan las ideas que expongo. Trataré de presentarles ciertos hechos tal como los reconoce la Jerarquía e indicarles, si puedo, las realidades subjetivas, de las cuales la ilusión externa es sólo la apariencia fenoménica, condicionada por los pensamientos del hombre a través de las épocas; recalcaré la realidad de la vivencia de las Fuentes de las cuales fluyen y emanan todas las fuerzas y energías que actúan en nuestro planeta. Ante todo me esforzaré por demostrarles esa unidad omnipenetrante y esa síntesis sub¬yacente, base de todas las religiones y de las innumerables fuerzas trasmitidas, y trataré de apartarlos, como individuos, del centro de su propio escenario y conciencia -sin privarlos de su propia individualidad e identidad- y sin embargo les demostraré que son parte de un todo mayor, que podrán percibirlo conscien¬temente cuando puedan actuar como almas, de lo cual hoy son inconscientes o sólo registran y sienten la realidad interna en la cual viven, se mueven y tienen su ser.

Esto me lleva a la tercera afirmación, la cual es tan básica y fundamental que les pediría se detengan a considerarla, aunque no capten plenamente todas sus implicaciones. La Sabiduría Antigua enseña que “el espacio es una entidad”. La astrología esotérica se ocupa de la vida de esta entidad y de las fuerzas y energías, los impulsos y los ritmos, los ciclos, el tiempo y las estaciones. Esto lo afirmó H.P.B. en La Doctrina Secreta. Recuer¬den que existe una clave astrológica para La Doctrina Secreta, la cual no puede todavía ser revelada en su totalidad. Sin embargo, puedo insinuarles y sugerirles algunas líneas de acercamiento que, si se mantienen en la conciencia de los astrólogos iluminados, permitirá que algunos de ellos, en fecha posterior, descubran la llave que -haciéndola girar en bien de la humanidad- revelará el cuarto gran fundamento de la Sabiduría Eterna, de los cuales tres ya han sido dados en el proemio de La Doctrina Secreta.

El espacio es una entidad y la “bóveda celeste” -como poéti¬camente se la denomina- es la apariencia fenoménica de esa entidad. Observarán que no digo apariencia material, sino feno¬ménica. Conjeturar sobre la naturaleza, la historia y la identidad de esa entidad, sería inútil y de ningún valor. Tendremos una idea vaga, que proporcionará una analogía, aunque eluda las especificaciones, si nos esforzamos por considerar a la familia humana, el cuarto reino de la naturaleza, como una entidad que forma una sola unidad y se expresa a través de las innumerables y diversificadas formas del hombre. Cada uno de ustedes, como individuos, son parte integrante de la humanidad, no obstante cada uno lleva su propia vida, reacciona a sus propias impresio¬nes, responde a las influencias e impactos externos, y a su vez emana influencias, envía irradiaciones temperamentales y expre¬sa alguna cualidad o cualidades, afectando así, en cierta medida, a su medio ambiente y a aquellos con quienes entran en contacto. Sin embargo, durante todo el tiempo, forman parte de la entidad fenoménica denominada humanidad. Podríamos ampliar esta idea hasta abarcar una entidad fenoménica mayor, el sistema solar. Esta entidad es en sí misma parte integrante de una vida aún mayor, la cual se expresa a través de siete sistemas solares, de los cuales el nuestro es uno. Si pueden captar esta idea surgirá en la conciencia una vaga imagen de una gran verdad esotérica subyacente. Consideraremos brevemente la vida y las influencias, las radiaciones y emanaciones de esta entidad y el efecto unido que producen sobre nuestra vida planetaria, en los reinos de la naturaleza y en las civilizaciones humanas en desarrollo.

El tema es tan vasto, que he tenido que afrontar el problema de descubrir la mejor manera de tratarlo, decidiéndome por la brevedad y afirmación concisa de los hechos (hechos para los que trabajamos en el aspecto interno de la vida, pero razonable¬mente sólo hipótesis para ustedes), eludiendo el análisis detallado y los pormenores. Me esforzaré por hacerlo de lo universal a lo particular y de lo general a lo específico, pero siempre acentuando lo universal y lo general y no lo particular y específico. De los estudiantes de astrología dependerá la debida aplicación de la verdad a lo específico, pues en este aspecto es donde ha errado la astrología moderna, invirtiendo el procedimiento correcto y verdadero, poniendo el énfasis sobre lo específico y particular, el horóscopo personal y el destino individual y no sobre las gran¬des energías y sus Fuentes, las cuales son finalmente responsables de la manifestación de lo específico. Esta posición y presentación de la verdad debe ser alterada.

Por lo tanto, la astrología esotérica trata de la Vida y las Vidas, que animan los “puntos de luz” dentro de la Vida uni¬versal. Constelaciones, sistemas solares, planetas, reinos de la naturaleza y el hombre microscópico, son el resultado de la actividad y la manifestación de la energía de ciertas Vidas, cuyos ciclos de expresión y sus infinitos propósitos, están fuera de la comprensión de las mentes más avanzadas e iluminadas de nues¬tro planeta.

El próximo punto que deben captar, es que el éter del espacio constituye el campo en y a través del cual actúan las energías que provienen de innumerables Fuentes de origen. Por lo tanto, estamos relacionados con el cuerpo etérico del planeta, del sistema solar y de los siete sistemas solares, de los cuales el nuestro es uno, y con el vasto y general cuerpo etérico del universo en el cual estamos localizados. Empleo deliberadamente la palabra “localizados” por las inferencias que puede tener. Este amplio campo como también los más reducidos y conocidos, proporcionan el medio de trasmitir las energías que actúan sobre y a través de nuestro sistema solar, esferas planetarias y todas las formas de vida que existen en esas esferas. Forma un ininterrumpido campo de actividad en constante e incesante movimiento -medio eterno para el intercambio y transmisión de energías.

En conexión con esto y a fin de comprenderlo mejor será útil estudiar al hombre individual. De esta manera podemos obtener una tenue comprensión de la verdad básica y subyacente. Los estudiantes deben recordar siempre que la Ley de Analogía es un medio de interpretación. El esoterismo enseña -y la ciencia moderno está llegando a la misma conclusión- que subyacente en el cuerpo físico y en su complejo e intrincado sistema de ner-vios, existe un cuerpo vital o etérico, contraparte y verdadera forma del aspecto fenoménico externo y tangible, siendo análoga¬mente el medio para transmitir fuerza a todas las partes de la estructura humana y el agente de la conciencia y de la vida que mora internamente. Determina y condiciona al cuerpo físico, pues constituye en sí el receptáculo y el transmisor de energía prove¬niente de los diversos aspectos subjetivos del hombre y también del medio ambiente en el cual vive el hombre interno y el externo.

Agregaré aquí otros dos puntos. Primero: el cuerpo etérico individual no es un vehículo humano aislado y separado, sino que en forma curiosa es parte integrante del cuerpo etérico de esa entidad que denominamos familia humana. Este reino de la naturaleza, por medio de su cuerpo etérico, forma parte inte¬grante del cuerpo etérico planetario, que no está separado de los cuerpos etéricos de otros planetas, sino todos ellos conjuntamente con el cuerpo etérico del sol, constituyen el cuerpo etérico del sistema solar, que está relacionado con los cuerpos etéricos de los seis sistemas solares, los cuales forman con el nuestro una unidad cósmica, afluyendo a ellos energías y fuerzas de ciertas grandes constelaciones. El espacio es etérico en su naturaleza, y su cuerpo vital está compuesto de la totalidad de los cuerpos etéricos de todas las constelaciones, sistemas solares y planetas que se encuentran en él. En todas partes de esta áurea red cós¬mica circulan constantemente energías y fuerzas, constituyendo la base científica de las teorías astrológicas. Así como las fuerzas del planeta y del hombre espiritual interno (para mencionar sólo un factor entre muchos) fluyen en el plano físico a través del cuerpo etérico del hombre individual y condicionan su expresión externa, actividad y cualidades, así también las variadas fuerzas del universo fluyen a través de cada parte del cuerpo etérico de esa entidad que llamamos espacio, y condiciona y determina la expresión externa, las actividades y las cualidades de cada una de las formas que se hallan dentro de la periferia cósmica.

Segundo, en el cuerpo etérico humano hay siete centros principales de fuerza, agentes distribuidores y acumuladores de electricidad, que proporcionan al hombre fuerza dinámica y energía cualitativa, produciendo efectos definidos sobre su mani¬festación física externa. Por medio de su constante actividad aparecen en el hombre sus cualidades y comienzan a emerger las tendencias de sus rayos, indicando claramente su etapa de evolución.

Este “control de la forma por medio de un septenario de energías” (como lo define El Antiguo Comentario) constituye una regla inalterable del gobierno interno de nuestro universo y de nuestro particular sistema solar como en el caso del hombre individual. Existen, por ejemplo, en nuestro sistema solar, siete planetas sagrados, que corresponden a los siete centros de fuerza individuales del hombre. Los siete sistemas solares, de los cuales el nuestro es uno, a su vez son los siete centros de energía de Aquel a quien me he referido en otros libros como “Aquel del Cual Nada Puede Decirse

Mucho se ha expuesto en los libros ocultistas, pero el astró¬logo común es profundamente ignorante. Es esencial que aprenda a pensar en Totalidades más grandes y que se preocupe más agudamente de las Fuentes emanantes y de las Causas que per¬sisten eternamente, en vez de ocuparse de los efectos que producen dichas Fuentes sobre esa creación efímera, el ser humano y su existencia temporaria, en un insignificante planeta. Al hacerlo, descubrirá por sí mismo los signos de la divinidad esencial del hombre -divinidad que se observa en la captación infinita de su conciencia cuando está iluminada por la luz del alma y en su poder para proyectar su pensamiento en la conciencia de esas múltiples Vidas, cuyos “movimientos energéticos” debe forzosa¬mente compartir, debido a que su pequeña porción de energía es parte integrante de la de Ellas.

Un aspecto de la energía, no tenido muy en cuenta por los astrólogos modernos, y sin embargo de primordial importancia, es la energía que irradia o emana de la Tierra. Como todos los seres humanos viven en su superficie y están por lo tanto pro¬yectados dentro del cuerpo etérico del planeta (razón por la cual el hombre camina erecto), el cuerpo del hombre está siempre bañado por las emanaciones y radiaciones de nuestra Tierra y por la cualidad integrante de nuestro Logos planetario, a medida que envía y transmite energía dentro de Su medio ambiente pla¬netario. Los astrólogos siempre han recalcado las influencias y energías entrantes a medida que hacen impacto y actúan a través de nuestro pequeño planeta, pero no han considerado adecuada¬mente las cualidades y fuerzas emanantes, contribución del cuerpo etérico de nuestra Tierra al todo mayor. Esto lo consideraremos más adelante, pero he sentido la necesidad de llamarles la aten¬ción sobre ello.

Otro punto que deben observar es que la influencia de la Luna es de naturaleza y efecto puramente simbólicos, siendo simplemente el resultado de antiguas ideas y enseñanzas (here¬dadas desde la época lemuriana) y no se basa sobre ninguna verdadera radiación o influencia. En esas épocas remotas y hasta mucho antes de la época lemuriana, que en esos días constituía una antigua tradición, la Luna era considerada como una vivien¬te entidad vital. Pero quiero que tengan en cuenta que la Luna no es hoy otra cosa que una forma muerta. No tiene radiación ni emanación de ninguna especie y, en consecuencia, no produce efecto alguno. Desde el punto de vista del conocedor esotérico, la Luna es simplemente un obstáculo en el espacio -una forma indeseable que debe desaparecer algún día. La astrología esoté¬rica considera que el efecto producido por la Luna es mental y el resultado de una poderosa y muy antigua forma mental; no obstante, la Luna no posee cualidad propia ni puede transmitir nada a la Tierra. Permítanme repetir: la Luna es una forma muerta. No tiene en absoluto emanación alguna. Por eso se dice en la Antigua Enseñanza que la Luna “oculta a Vulcano o a Urano”. Esta insinuación o inferencia siempre ha existido y los astrólogos harán bien en experimentar la sugerencia dada sobre La Luna, y en vez de trabajar con ella que trabajen con Vulcano, cuando se trata del hombre común y no evolucionado y con Urano cuando consideran al hombre muy evolucionado, y obtendrán resultados interesantes y convincentes.

Los estudiantes deberían recordar que las doce constelaciones que constituyen nuestro zodíaco particular son receptores de innumerables corrientes de energía que llegan de muchas fuentes. Éstas se mezclan y fusionan con la energía de cualquier conste¬lación determinada y -transmutada y “refinida esotéricamente”.- oportunamente hallan su camino hacia nuestro sistema solar.

Quisiera llamarles la atención aquí sobre algunos comentarios que hice en el Tratado sobre Fuego Cósmico, pues son oportunos y valiosos. Los resumiré en algunas frases:

“La astrología se ocupa del efecto que producen en la sustancia de las envolturas las influencias, vibraciones, etc., de los distintos planetas. Constituyen esotéricamente las influencias de los centros solares… Las fuerzas que emanan de ellos actúan sobre los centros planetarios…, todo lo cual está oculto en el karma del Hombre celes¬tial. Se impartirá mucho sobre esto cuando exista la verdadera astro¬logía esotérica… Los estudiantes de astrología están aprendiendo recientemente el abecé de este estupendo tema, y apenas si tocan los bordes exotéricos de ese gran velo que ha sido sabiamente tendido sobre la ciencia planetaria”.
Tratado sobre Fuego Cósmico, págs. 826-27.

A continuación se enumeran -en forma incompleta pero adecuada para nuestro propósito- las influencias principales que provienen de Fuentes muy distantes, llegan a nuestra vida pla¬netaria y producen efectos definidos sobre el hombre y la huma¬nidad como un todo:

1. La constelación de la Osa Mayor.
2. Las Siete Hermanas de las Pléyades.
3. Sirio, la Estrella del Perro.

1. Los siete sistemas solares, de los cuales el nuestro es uno.
2. Los siete planetas sagrados, de los cuales el nuestro no es uno.
3. Los cinco planetas no sagrados o planetas “ocultos”.

1. Los siete centros planetarios.
2. Los siete centros de fuerza en el cuerpo etérico humano.

1. Las doce constelaciones zodiacales.

Tenemos así un nónuple impacto de energía. Esta clasificación es importante, pero debe recordarse que existen también otros impactos, relativamente insignificantes.

A éstas deben agregarse otras corrientes de energía, las cuales actúan definidamente sobre nuestra vida planetaria y la afectan, tales como las que provienen de la gran estrella Betel¬geuse o de Antares, y de otros grandiosos soles y sistemas solares relacionados con las constelaciones del zodíaco, cuyas fuerzas nos llegan a través de esas constelaciones y no en forma directa.

Además de las enumeradas, debería recordarse que técnica¬mente debe agregarse a esto la irradiante influencia que llega directamente del planeta en el cual vivimos. Sólo entonces podrán hacer un análisis cabal y un cuadro completo de las energías a las cuales el cuerpo etérico del hombre (condicionando al cuerpo físico, preeminentemente automático y negativo en sus reaccio¬nes) debe responder y siempre responde. La comprensión de esa respuesta y el control consciente e inteligente de las reacciones individuales, son sumamente necesarios para el hombre, pero sólo llega a ser posible en una etapa avanzada de evolución y cuando él (técnicamente comprendido) se acerca al Sendero. El hombre aprende ante todo a controlar sus reacciones hacia los planetas, a medida que rige y dirige los asuntos de su personalidad, desde las diversas “estaciones” en las doce casas de su horóscopo. Hay dos maneras de hacerlo:

Primero: Confeccionando debidamente el horóscopo y dando los pasos necesarios para determinar lo que debe hacerse y así rechazar las influencias planetarias donde se considere deseable a fin de controlar las reacciones de la personalidad. Esto debe hacerse aplicando el poder del pensamiento. Requiere plena con¬fianza en la comprensión e interpretación del astrólogo y el conocimiento exacto de la hora del nacimiento. A veces uno se pregunta si es posible saber la hora exacta del nacimiento y si realmente habrá un astrólogo verdaderamente sabio.

Segundo: Asumiendo conscientemente la posición del Observador espiritual y cultivando el poder de responder al alma. Entonces, desde el ángulo de esa alma, el hombre tiene que aprender a controlar las circunstancias y la serie de reacciones de la personalidad.

Deben ser consideradas también las siguientes actitudes y posiciones, adoptadas por el astrólogo esotérico:

1. Las influencias planetarias indican la tendencia de las cir¬cunstancias externas de la vida. Cuando se interpretan correctamente tanto para el hombre común como para el no evolucionado, pueden señalar y lo hacen, el destino y el futuro de la personalidad, pero condicionan y controlan totalmente al hombre que no ha tenido experiencia consciente del alma. En cuanto el hombre llega a ser consciente de su propia alma y se esfuerza por controlar su “sendero de la vida”, las influencias de los planetas de por sí se debilitan definitiva¬mente y van aminorando; el horóscopo de la personalidad es indeciso y muchas veces inexacto: la fuerza que fluye a través de los planetas y no la fuerza de los planetas rigen y con¬trolan. Entonces el hombre llega a ser receptivo a las energías más elevadas y sutiles del sistema solar y de las doce conste¬laciones regentes.

2. El signo del Sol -como se lo denomina- indica la naturaleza física, mental y espiritual del hombre. Contiene el secreto del rayo de la personalidad y de la respuesta o no del hombre al Alma, el verdadero hombre. Indica también la integración ya lograda y la actual etapa de desarrollo de las cualidades del alma, del equipo actualmente disponible, de la cualidad de la vida presente y las posibles relaciones grupales inme¬diatas. Desde el ángulo de la Sabiduría Eterna, indica sólo esto y nada más, constituyendo lo opuesto de la usual posi¬ción astrológica. Expongo esto porque la humanidad ha evolucionado bastante como para que, dentro del menor tiem¬po posible, la astrología del alma sea una posibilidad, constituyendo -desde muchos puntos de vista- lo opuesto al procedimiento normal. Esto es prudente, necesario y también inevitable. Los astrólogos se dividirán eventualmente en dos tipos: los astrólogos exotéricos, que se ocuparán de los horós¬copos de la personalidad, y los esotéricos, que se ocuparan de los propósitos del alma.

3. El signo ascendente indica las posibilidades más remotas, la meta espiritual y el propósito de la encarnación inmediata y de las sucesivas. Este signo se ocupa de la lucha que libra el hombre espiritual para “continuar” desde la etapa avan¬zada, de modo que cuando la energía de la vida se haya agotado temporariamente y tenga lugar “la muerte de la personalidad”, se encuentre “más próximo al centro de su vida, más cerca del centro de su grupo y se aproxime al centro de la Vida divina”, según lo expresa la Sabiduría Eterna. La frase: “muerte de la personalidad” tiene dos significados definidos:

a. Puede significar la muerte del cuerpo físico -que inevi¬tablemente es seguida por dos etapas, la de la muerte del vehículo emocional y la subsiguiente disipación de la tem¬poraria y siempre cambiante forma, asumida durante la encarnación por la cuota asignada de energía mental.

b. La subjetiva y mística “muerte de la personalidad”. Esta frase indica la trasferencia del foco de distribución de energía, desde la personalidad (un centro definido de fuerza) al alma (otro centro definido de fuerza).

Comprendo que estos conceptos no están de acuerdo con los postulados de la astrología usual. Sin embargo, la astrología no perdería tiempo si experimentara estas ideas durante un tiempo y los astrólogos descubrirían algunos problemas más interesantes y atrayentes y quizás llegarían a una exactitud desconocida en la actualidad. Probablemente sería de utilidad que me extendiera sobre este punto.

En conexión con el signo del Sol, con el signo ascendente y el efecto de la forma mental relacionada con la Luna, la posición de la astrología esotérica es:

1. El signo del Sol. – Indica el actual problema del hombre; fija el paso o ritmo establecido de su vida personal; se relaciona con la cualidad, temperamento y tendencias de la vida, que tratan de expresarse durante esta particular encarnación y sugiere el aspecto rajásico o actividad del hombre nonato. Fundamentalmente las fuerzas de este signo indican la línea de menor resistencia.

2. El ascendente o signo naciente. – Indica la vida futura y el inmediato propósito del alma para esta encarnación. Mantie¬ne el secreto del futuro y presenta la fuerza que, correctamen¬te empleada, conducirá al hombre al éxito. Representa el as¬pecto sátvico o armónico de la vida, y puede producir correctas relaciones entre el alma y la personalidad en una encarna¬ción dada, señalando así el camino para reconocer la fuerza del alma.

3. La Luna. – Este tipo de fuerza (procedente de ciertos pla¬netas y no de la Luna) indica el pasado. En consecuencia, resume las limitaciones y los obstáculos presentes. Rige el cuerpo físico y muestra dónde se halla la prisión del alma.

La siguiente declaración que quisiera hacer, que deriva de las anteriores, es que las energías del zodíaco, del planeta y del sistema, actúan como fuerzas obstaculizadoras o estimulantes, según el tipo de vehículo o cuerpo sobre el cual actúan. La natu¬raleza de estos vehículos y su capacidad para atraer, responder, rechazar, absorber y trasmutar, dependen totalmente del grado de evolución obtenido y también de la condición general plane¬taria y sicológica en que se encuentra la familia humana en determinado momento. Un ejemplo de esto puede verse actual¬mente en el mundo, donde las fuerzas hacen impacto, casi violentamente, sobre nuestra vida planetaria con una nueva medida y compás, evocando una respuesta muy intensificada de los pensa¬dores del mundo, estimulándolos a realizar un esfuerzo sobre líneas ideológicas y, al mismo tiempo, producir en las masas y en las personas poco evolucionadas el terror, el miserable fata¬lismo, el agotamiento físico general y muchas otras reacciones indeseables de la naturaleza-forma. La comprensión de estos efec¬tos obstaculizadores o estimulantes, puede ser fácilmente lograda por quienes son capaces de captar la naturaleza de las actividades del planeta Saturno, el cual condiciona principalmente el grado de evolución, donde es posible hacer una elección definida y aceptar o rechazar conscientemente la oportunidad, y también donde la responsabilidad personal llega a ser un hecho reconocido en una vida planeada y ordenada. Este punto del proceso evolu¬tivo humano está descrito en El Antiguo Comentario con frases simbólicas:

“En medio de las arremolinantes fuerzas permanezco confuso. No las conozco, pues durante todo mi pasado me impulsaron de aquí para allá en el lugar donde actuaba ciego e inconsciente. Me impelieron de un lugar a otro, de un punto a otro, de arriba abajo de esta tierra, y no hallé lugar donde reposar.
“Ahora las conozco y aquí permanezco y no me moverá hasta conocer la Ley que rige este ir y venir en la Tierra. Puedo girar y volver mi rostro hacia los distintos caminos, enfrentar amplios horizontes y sin embargo todavía permanezco
“Yo mismo determinaré el camino a seguir. Entonces avanzaré. No viajaré de aquí para allá en la Tierra ni giraré en el espacio. Pero avanzare.

Hay otra idea revolucionaria que la ciencia astrológica eso¬térica incorpora a su aspecto moderno y exotérico. En el ciclo mayor de las muchas encarnaciones del hombre, éste -como es bien sabido- pasa a través del círculo zodiacal de Piscis a Aries, retrogradando a través de los signos al seguir la órbita o el sendero de la retrogradación del Sol. Esta frase siempre me ha confundido. Pero es que la aparente retrogradación, basada sobre la precesión de los equinoccios es parte integrante de la Gran Ilusión. En el momento en que el hombre empieza a salir de esa ilusión y no está sujeto al espejismo y al efecto del maya mundial, entonces el movimiento de la gran rueda de la Vida gira en dirección opuesta, y el hombre comienza (lenta y trabajosamente) a actuar en dirección contraria. Así pasa a través de los signos de Aries a Piscis, comenzando paciente y conscientemente a actuar como un alma que lucha por alcanzar la luz, hasta que al finalizar el sendero en Piscis, surge como un conquistador y salvador mundial. Entonces conoce el significado del triunfo sobre la muerte, porque ha superado y vencido el deseo.

Este camino opuesto, por el cual viaja el hombre a través de los signos zodiacales, requerirá un reajuste de los métodos empleados por los astrólogos cuando hacen el horóscopo a los aspirantes evolucionados, discípulos e iniciados.

Por lo tanto el astrólogo deberá interpretar el horóscopo de acuerdo al grado de evolución del individuo en el sendero o (en otras palabras) al lugar que ocupa el individuo en la rueda de la vida. Requerirá del astrólogo intuitivo trabajo y reflexión, lo cual dependerá del contacto con el alma y de la prolongada medi¬tación para determinar el proceso de interpretación astrológica de quienes son ya almas vivientes y activas y están en las etapas finales del sendero. Tales dificultades no se presentarán al con¬feccionar el horóscopo del hombre común no evolucionado.

Podría agregarse que los signos del zodíaco conciernen prin¬cipalmente a la expresión de la vida del Hombre Celestial –en lo que respecta a nuestro planeta- y, por lo tanto, al destino y la vida del Logos planetario. Además conciernen al gran hombre de los cielos, el Logos solar. En este caso me refiero al efecto que producen en todo el sistema solar, y actualmente pocos astró¬logos están capacitados para ocuparse de tal efecto. Quisiera recordarles que para esas vidas que animan a esas grandes cons¬telaciones, y cuya radiación -dinámica y magnética- llega hasta nuestra Tierra, tal efecto es incidental y pasa inadvertido. El principal efecto producido sobre nuestros Logos planetario nos llega por Su intermedio y afluye a través de ese gran centro planetario denominado Shamballa. Por lo tanto puede evocar mayor respuesta de las mónadas, las cuales se expresan por medio del reino de las almas y del reino humano, manifestándose por lo tanto a través de la Jerarquía y de toda la humanidad. Esto es algo muy importante y debe ser observado y vinculado a toda la enseñanza que poseen sobre el interesante tema de los tres centros planetarios mayores. El trabajo de las influencias zodiacales consiste en evocar el surgimiento del aspecto voluntad del Hombre Celestial y de todas las mónadas, almas y personalidades, que constituyen el cuerpo planetario de expresión. Esta afirma¬ción significa ahora muy poco para ustedes, pero mucho para esos estudiantes que dentro de unas décadas estudien lo que aquí expongo. Correctamente comprendido, justifica gran parte de lo que está aconteciendo actualmente en el mundo.

Debido a que estas influencias afluyen a todo el planeta y de allí a los centros de fuerza del mismo, producen dos efectos:

Uno, sobre el hombre evolucionado, energetizando los centros que se hallan arriba del diafragma para que entren en acti¬vidad y él pueda responder a la radiación y actuación de la Jerarquía.

El otro, sobre el hombre no evolucionado, permitiéndole actuar como un ser humano común, no iluminado.

Debemos observar aquí que todas las energías -zodiacales, del sistema y planetarias- tienen un efecto definido sobre la vida de las formas de todos los reinos de la naturaleza. Ninguno puede escapar a estas influencias irradiantes y magnéticas. La meta de la evolución de la humanidad es llegar a ser vital y conscien¬temente consciente de la naturaleza de dichas energías y empezar a conocerlas y utilizarlas. La Jerarquía ha hablado siempre sobre este campo del ocultismo. Podría decirse que el discípulo debe tener conciencia de las influencias planetarias y comenzar a utilizarlas, para así llevar a cabo el propósito del alma. El iniciado debe ser consciente de las influencias zodiacales que emanan desde afuera del sistema solar, que pueden ser reconocidas como:

1. La vibración registrada en uno de los siete centros.

2. La revelación de un tipo particular de luz, mostrándole un color específico al iniciado.

3. La nota peculiar.

4. Un sonido rector.

Toda la historia del zodíaco puede ser resumida en forma pinto¬resca, aunque exacta, en la siguiente afirmación: Existen tres libros en los cuales estudian y aprenden los tres tipos de seres humanos:

1. El Libro de la Vida-Iniciados-las doce constelaciones.

2. El Libro de la Sabiduría-Discípulos-los doce planetas.

3. El Libro de la Forma o de la Manifestación-la humani¬dad-las 12 Jerarquías Creadoras.

En resumen se podría decir que:

1. Los signos del zodíaco afectan principalmente al hombre que vive centrado debajo del diafragma. Éste es el hombre tér¬mino medio. Estos signos condicionan así cuatro centros:

a. La base de la columna vertebral.
b. El centro sacro.
c. El centro plexo solar.
d. El bazo.

2. El grupo interno de los sistemas solares, que actúan en con¬junción con los signos zodiacales, afectan principalmente a quienes viven arriba del diafragma, condicionando así a:

a. El centro cardíaco.
b. El centro laríngeo.
c. El centro ajna.
d. El centro coronario.

3. Tres energías actúan por medio del centro coronario, sólo después de la tercera iniciación.

También podría mencionar uno o dos puntos más a fin de ilus¬trarlos: De las innumerables energías que hacen impacto sobre nuestro planeta, lo atraviesan y producen efectos sobre él, la astrología esotérica subraya los cuatro tipos de fuerza que afectan a lo que podríamos llamar la personalidad de nuestra Tierra, y son:

1. La cualidad de nuestro sistema solar. Dios es un fuego con¬sumidor, y también es amor. Esto constituye la enseñanza esotérica y exotérica de la verdad.

2. La cualidad del Logos de nuestro planeta a medida que afluye a través de las cadenas, rondas, razas y reinos de la natu¬raleza.

3. La cualidad del planeta complementario de la Tierra, su polo opuesto, considerado esotéricamente, el planeta Venus.

4. La cualidad de atracción de los tres planetas, lo cual produce un triángulo esotérico de fuerza.

En varias ocasiones he empleado la frase “pasar a través de” los centros y las formas. Este concepto debe dar la idea de cen¬tros de distribución, a los cuales llegan las energías entrantes y salen como irradiaciones. Podrían captar la idea si explicara la nueva proposición (nueva para ustedes, aunque vieja para los esotéricos) sobre los centros que hay en el cuerpo etérico humano. Los cuatro centros que se encuentran arriba del diafragma -car¬díaco, laríngeo, ajna y coronario- son básicos y principalmente centros receptivos. Los centros que se encuentran debajo del diafragma -el centro que está en la base de la columna vertebral, más el sacro, el plexo solar y el bazo- son energetizados por los cuatro centros receptores superiores para que entren en actividad. Producido esto, se manifiesta como personalidad, magnetismo e influencia física, hasta el momento en que recorre a la inversa -como alma- el zodíaco. Ello está simbolizado por la revolución del Sol alrededor del zodíaco, de Aries a Piscis, en vez del movi¬miento inverso de Aries a Tauro. Esto se repite en la estructura humana y, oportunamente, los cuatro centros inferiores devuelven lo que han recibido. Así invierten el proceso normalmente segui¬do, y los centros que se encuentran arriba del diafragma se convierten en radiactivos, dinámicos y magnéticos. Es un intrincado estudio ocultista y concierne al modo en que responde el cuerpo etérico a las energías entrantes. Finalmente relaciona el centro inferior de la base de la columna vertebral, con el centro superior, el coronario. Ésta es la analogía de la relación que existe entre la Tierra y el Sol. Reflexionen sobre ello.

A medida que desarrollamos y estudiamos estos tópicos recor¬demos siempre que estamos considerando los siete rayos y sus interrelaciones en el proceso cósmico. Esotéricamente nos con¬ciernen:

1. Los siete rayos y los doce signos del zodíaco.
2. Los siete rayos y las doce Jerarquías Creadoras.
3. Los siete rayos y los planetas, conforme van rigiendo las doce casas de expresión.

A medida que pensamos, reflexionamos y correlacionamos los diversos aspectos de la enseñanza, descubriremos que surgen tres proposiciones, que rigen la afluencia de vida al planeta y al hom¬bre individual, las cuales han sido anteriormente descritas en el Tratado sobre los Siete Rayos y seria de valor exponerlas.

1ra. Proposición: Cada vida de rayo es una expresión de la Vida solar, y cada planeta está por lo tanto:

1. Vinculado con todas las demás vidas planetarias.

2. Animado por la energía que emana de uno de los siete sistemas solares, de los cuales el nuestro es uno.

3. Activado por una triple corriente de fuerza proveniente de:

a. Otros sistemas solares fuera del nuestro.
b. Nuestro sistema solar.
c. Nuestra vida planetaria.

2da. Proposición: Cada vida de rayo es receptora y custodio de las energías provenientes de:

1. Los siete sistemas solares.
2. Las doce constelaciones.

3ra. Proposición: La cualidad de la vida de rayo -manifestán¬dose en tiempo y espacio- determina la apa¬riencia fenoménica.

Antes de introducirnos más en el estudio de este tema qui¬siera recalcar dos puntos:

Primero, estamos considerando las influencias esotéricas y no la astrología en sí. Nuestro tema versa sobre los siete rayos y sus relaciones con las constelaciones zodiacales, o en otras pala¬bras, sobre la interacción de las siete grandes Vidas que animan a nuestro sistema solar, con las doce constelaciones que componen nuestro zodíaco.

Segundo, que necesariamente tenemos que estudiar estas energías y su interacción desde el ángulo del efecto que producen sobre el planeta e incidentalmente sobre las formas de los diver¬sos reinos de la naturaleza, particularmente en conexión con el cuarto reino, el humano. y con el hombre individual -el hombre común, el discípulo y el iniciado.

No entraremos en definiciones relacionadas con la técnica astrológica ni emplearemos los innumerables términos técnicos. Si en la presentación de este vasto tema y en el proceso de indicar la posición de la Sabiduría Eterna sobre esta nueva y venidera (aunque muy antigua) “ciencia de energías efectivas”, como se la ha denominado, puedo presentar un nuevo acercamiento o señalar relaciones insospechadas y, desde el punto de vista de la Sabiduría Eterna, corregir lo que los Instructores del aspecto interno de la vida consideran errores, con lo cual espero des¬cubrir algunos astrólogos sensibles a lo nuevo. Creo que hay in¬vestigadores en las actividades astrológicas que tendrán una mente bastante abierta para admitir hipótesis y experimentarlas equitativamente. Repito: No escribo un tratado sobre astrología sino sobre los siete rayos, sus equivalentes y correspondientes energías, los efectos que produce la energía de rayo y la inte¬racción de estas energías y sus efectos sobre las diversas fuerzas planetarias, particularmente las de la Tierra. Para tal fin estoy buscando astrólogos equitativos que experimenten debidamente con los factores y sugerencias que podría indicar. Teniendo esto presente, prosigamos.

He indicado que estas energías se dividen en tres grupos:

1. Las que provienen de ciertas grandes constelaciones, en acti¬va relación con nuestro sistema solar y que, desde épocas remotas, han estado siempre vinculadas a nuestro sistema por el mito y la leyenda. Nuestra constelación está relacio¬nada en forma peculiar con esas constelaciones.

2. Las que provienen de las doce constelaciones zodiacales. Se sabe que tienen un efecto definido sobre nuestro sistema y vida planetarios.

3. Las que provienen de los planetas que están dentro de la pe¬riferia de influencia de la esfera del Sol.

Desde cierto punto de vista se puede generalizar y decir que, en el sistema solar, éstas son las analogías de los tres grandes centros de fuerza que producen y controlan la manifestación y el progreso evolutivo en el ser humano:

1. Las grandes constelaciones externas, aunque controladoras, son análogas a ese centro de fuerza que llamamos la Mónada y a su universal voluntad de poder, característica del primer aspecto divino.

2. Las doce constelaciones podrían ser consideradas como que personifican el aspecto alma, y su efecto sobre el individuo debe ser considerado y estudiado ahora en términos de con¬ciencia y desenvolvimiento de la vida del alma, que en esen¬cia constituye la voluntad de ama.

3. Los doce planetas (siete sagrados y cinco no sagrados) son efectivos (empleando la palabra en un sentido técnico) en relación con la vida externa, el medio ambiente y las circuns¬tancias del individuo. El contacto que establecen con la fuer¬za debe ser interpretado, en su mayor parte, en términos de la personalidad humana, el tercer aspecto divino, ejemplificando así la voluntad de saber.

Quisiera que recordaran que estoy hablando totalmente en términos de conciencia, de respuesta y reacciones del individuo a las fuerzas que hacen impacto sobre él. El efecto producido por la emanación de nuestro planeta Tierra, es la analogía del que produce ese conglomerado de átomos y moléculas que denominamos cuerpo físico denso y su respuesta al tirón y atracción de cualquiera o de todos los cuerpos sutiles.

En lo que concierne a la influencia de los siete sistemas solares, sólo mencionaré -más no puedo hacer- los que están vinculados astrológicamente con las constelaciones de la Osa Ma¬yor, las Pléyades y Sirio, las cuales están íntimamente relacio¬nadas con aquéllos, pero como su efecto exacto es trasmitido, no pueden observarse todavía resultados perceptibles en la hu¬manidad y en otros reinos de la naturaleza, ni el individuo puede observar el efecto que producen las tres grandes constela¬ciones, hasta que él llegue a ser consciente de la vibración moná¬dica, después de la tercera iniciación. Muchas potentes influen¬cias actúan continuamente sobre nuestro sistema solar y el pla¬neta, pero -en lo que concierne al hombre- sus mecanismos de respuesta y de reacción continúan siendo “ocultamente insensi¬bles”, porque no poseen aún la cualidad que les permitirá algún reconocimiento perceptible, ya en los vehículos densos o en los sutiles, ni siquiera por el alma. Más adelante, durante el proce¬so evolutivo, vendrá el reconocimiento y la respuesta, pero para el propósito astrológico y los efectos reconocibles, pueden ser considerados hoy inexistentes, excepto cuando reaccionan en el cuarto reino de la naturaleza, que es un ente viviente en el cuerpo del Logos planetario. Estas fuerzas producen un efecto conscien¬te tan ínfimo como el que se produce en los átomos y las células del dedo meñique en el momento elevado de contacto, en la medi¬tación matutina. Puede haber una respuesta general y un estí¬mulo a través de todo el cuerpo, pero el átomo inteligente no responde conscientemente. La vibración es excesivamente elevada.

No es útil hacer conjeturas sobre estas líneas. Un vasto sis¬tema de energías entrelazadas está activo y circula rápidamente por todo el cuerpo etérico cósmico -del cual el cuerpo etérico de nuestro sistema es parte integrante-, pero es totalmente fútil la investigación especulativa en las líneas dadas y seguir oscuras sendas hasta no haber construido y seguido el principal camino de acercamiento. Sólo será posible dar un esbozo general del método astrológico, hasta que el hombre pueda pensar en tér¬minos más amplios y poseer una capacidad más sintética. Por lo tanto nos limitaremos, para su consideración, al vasto campo de energías que ya he delineado. Sólo trataremos las fuerzas principales que están en circulación, lo que bastará para nuestra generación y época. Nos conciernen energías que evocan y pueden evocar respuesta, y de las cuales el hombre podrá ser conscien¬te y, en muchos casos, ya lo es.

Podría ser de utilidad comentar aquí, en forma general y ex¬tensa, y con muchas y necesarias reservas, el amplio alcance de estas respuestas:

1. La vida y circunstancias de la humanidad no desarrollada están primordialmente condicionadas por la influencia del zodíaco menor y, en consecuencia, por la posición de los pla¬netas en las doce casas.

2. La humanidad inteligente común y los que están en el sen¬dero de probación, y se acercan al del discipulado, respon¬den conscientemente a:

a. Los planetas que afectan sus personalidades.

b. El signo del Sol, que indica las tendencias de la vida ya establecidas y constituye la línea de menor resistencia.

c. El ascendente en pequeña medida. Indica la meta de la vida para ese ciclo particular, o si no durante un período de siete vidas. Las dos últimas constituyen el Zodíaco mayor.

3. Los discípulos e iniciados pueden empezar a responder cons¬cientemente a todas las influencias anteriormente menciona¬das, manejándolas constructivamente, y también a esas fuer¬zas potentes e infinitamente sutiles que desde las tres cons-telaciones mayores mencionadas, afluyen a nuestro sistema solar. En las primeras etapas los cuerpos sutiles responden y el cerebro no las registra, pero después de la tercera iniciación se las reconoce en el plano físico.

Volviendo al tema de este Tratado sobre los Siete Rayos, señalaré que éstos tienen una estrecha conexión con las siete estrellas de la Osa Mayor (aquí se repiten los cuatro y los tres como diferenciación secundaria) y con las Siete Hermanas, las Pléyades. La primera constelación es para el Logos planetario el agente de fuerza positiva, y la otra le imparte el aspecto ne¬gativo. En consecuencia, existe un intercambio de energías entre las vidas de los siete Logos planetarios y las estupendas e inson¬dables Vidas que animan a estas constelaciones mayores. Existen grandes triángulos de fuerza entrelazados entre los siete plane¬tas y esos dos grupos de siete estrellas cada uno. Oportunamen¬te se descubrirá que el secreto más recóndito de deducción astro¬lógica, en sentido planetario, está vinculado con estos “triángu¬los sagrados”, que están a su vez representados por los triángu¬los (que cambian y se trasladan) que pueden ser construidos en relación con los siete centros.

En la confección del horóscopo del planeta (que algún día será posible realizar) se hallará que la línea de estas fuerzas y nuestra respuesta planetaria a ella, tiene un efecto mucho más poderoso que la influencia de las constelaciones zodiacales sobre el ente humano. Esto se debe a la inconmensurablemente avanzada etapa evolutiva de los Espíritus planetarios que han trascen¬dido (en Sus vidas individuales) en gran parte la influencia de las doce constelaciones y están respondiendo rápidamente a las vibraciones superiores de sus grandes Prototipos, las “tres cons¬telaciones íntimas”, como se las denomina esotéricamente. En las vidas de estas grandes Entidades esta analogía corresponde a la forma en que un individuo evolucionado puede contrarres¬tar la influencia de los planetas y dominar así la vida de su per¬sonalidad, de tal manera, que la predicción y la certeza en lo que respecta a la actividad y las circunstancia, ya no son posibles. El alma domina y los planetas cesan de condicionar la vida y lo mismo sucede con las constelaciones y los Logos planetarios. Pueden contrarrestar las influencias inferiores a medida que despiertan y responden a las vibraciones infinitamente superio¬res de las tres constelaciones mayores.

2. Las Jerarquías Creadoras.

Quizás sería oportuno intercalar un diagrama o clasificación, que sugiriera algunas de esas energías entrelazadas que actúan por medio de nuestro sistema solar, lo atraviesan, retornan, estimulan y energetizan todas las partes de nuestro sistema solar. Sólo evocan respuesta consciente cuando el vehículo de expresión y de respuesta es adecuado al impacto, afirmación que atañe tanto al Logos solar, a los Logos planetarios y a todas las for-mas y en todos los reinos de nuestro planeta. Lógicamente exis¬tirá una reacción inconsciente, pero será en una escala general o masiva, y gran parte de ellas afluyen a nosotros desde esas distantes constelaciones, por intermedio de la quinta Jerarquía Creadora. Esta Jerarquía, que está al borde de la liberación, se halla en el plano intelectual de la conciencia y puede, por lo tan¬to, ser utilizada como punto focal y transmisor de las energías superiores a nuestro sistema solar y al planeta. Si estudian cuidadosamente el diagrama de las doce Jerarquías creadoras en la página 38 observarán que dicha Jerarquía ejerce influencia so¬bre el séptimo Rayo de Orden Mágico y de Organización Cere¬monial y recibe su influencia. La función básica de este rayo es relacionar el espíritu y la materia y producir la forma mani¬festada. El signo del zodíaco con el cual está más estrechamente vinculado es el de Cáncer, el Cangrejo, el signo de las masas, y una de las “puertas” que conducen a la vida manifestada.

La siguiente información sobre las Jerarquías puede ser de utilidad. Ha sido extraída de varias fuentes. Quisiera recordarles que los siete planos de nuestro sistema solar son los siete subplanos del plano físico cósmico. Las cuatro Jerarquías Creadoras que han logrado la liberación están ahora enfocadas en el plano astral cósmico. De allí su potencia, aunque se hallen fuera de manifestación. La quinta Jerarquía Creadora existe en el más elevado nivel etérico y se unirá a las otras cuatro Jerarquías cuando la sexta Jerarquía Creadora esté a la altura de la opor¬tunidad cósmica y se vaya acercando a la liberación. Las siguien¬tes tabulaciones muestran algunas de las relaciones astrológicas en conexión con:

a. La constelación de la Osa Mayor,
b. Las Pléyades o las Siete Hermanas,
c. Sirio.
d. Los siete sistemas solares:

1. La Jerarquía de poderes creadores está dividida en siete (4 y 3), dentro de las Doce Grandes Ordenes.

2. Tres Jerarquías son -en este ciclo mayor- de profundo significado: la cuarta, o Jerarquía creadora humana, y las dos Jerarquías dévicas, la quinta y la sexta.

3. La cuarta Jerarquía creadora es en realidad la novena, por eso se la denomina la Jerarquía de los Iniciados. Esto puede observarse si se consultan las tabulaciones.

4. Se ha dicho en el Tratado sobre Fuego Cósmico que en la novena, décima y undécima Jerarquías (contando de abajo arriba) tenemos un indicio de la naturaleza de Agni, el Señor del Fuego, suma total de la vitalidad del sistema.

5. Mucha luz puede obtener el estudiante sensato si estudia los números vinculados a estas Jerarquías:

a. Las primeras cinco son consideradas como abstrac¬ciones puras.

b. A la Primera Jerarquía le corresponde los números 6.1.7.
A la Segunda Jerarquía le corresponde los números 7.2.6.
A la Tercera Jerarquía le corresponde los números 8.3.5.
A la Cuarta Jerarquía le corresponde los números 9.4.4.
A la Quinta Jerarquía le corresponde los números 10.5.3.
A la Sexta Jerarquía le corresponde los números 11.6.2.
A la Séptima Jerarquía le corresponde los números 12.7.1.

Es necesario tener en cuenta esto, porque en la Doctrina Secreta, los números de la Jerarquía son distintos, y esto se ha hecho para ocultar, pero también confunde al estudiante.

6. Las primeras cuatro Jerarquías alcanzaron la liberación en el primer sistema solar. Su influencia llegó a la Tierra por intermedio de la quinta Jerarquía creadora.

7. Por lo tanto, están relacionadas a los cuatro rayos que ac¬túan como rayos menores de Atributo, regidos por el Ter¬cer gran Rayo Mayor -de Inteligencia Activa.

8. Piscis encabeza la lista de los signos zodiacales, porque rige el actual ciclo mundial astrológico de 25.000 años. Fue también uno de los signos dominantes que influyó sobre nuestro planeta en el momento de la individualización, cuando vino a la existencia el reino humano. Está básica-mente relacionado con la primera o más elevada Jerarquía Creadora, que a su vez está relacionada con el tercer Rayo de Inteligencia Activa, producto del primer sistema solar. El desarrollo de la iluminación a través de una inteli-gencia despierta es la primera meta de la humanidad.

9. La quinta Jerarquía Creadora (a la que también le corres¬ponde el número 8) se halla al borde de la liberación. Está conectada peculiarmente con la décima Jerarquía Creadora, con la constelación de Capricornio y con la personalidad humana, que vela y temporariamente oculta tras la forma y la mente, el principio crístico. El número ocho también es considerado, de acuerdo a ciertos sistemas numéricos, el número del Cristo.

10. Los Grandes Constructores y los Menores actúan en el se¬gundo y tercer plano de nuestro sistema solar, y sus acti¬vidades se reflejan en el trabajo de los Señores lunares y las Vidas elementales.

11. Observarán que a la Jerarquía humana (en la tabulación 9.4.4. ) no se le asigna ningún elemento determinado, por¬que tiene que fusionar y sintetizar o todos. Esto es parte de las grandes pruebas iniciáticas en Escorpio.

12. Esta clasificación ha sido hecha únicamente en relación con la cuarta Jerarquía Creadora, la humana, y no con otras manifestaciones planetarias.

El gráfico fue recopilado del escaso conocimiento revelado hasta ahora sobre el tema y es exacto hasta donde lo per¬miten las circunstancias.

Cada una de estas siete Jerarquías de Seres, contenidas dentro de las Doce, que son los Constructores o Agentes de Atracción, constituyen (según su categoría) las intermediarias; todas encarnan uno de los tipos de fuerza que emanan de las siete constelaciones. Por lo tanto, su trabajo como intermediarias es doble, y son:

1. Los mediadores entre el Espíritu y la materia y
2. los que transmiten a las formas las fuerzas provenientes de fuentes foráneas al sistema solar, que se hallan dentro de éste.

Cada uno de estos grupos de Seres es análogamente de naturaleza septenaria, y los cuarenta y nueve fuegos de Brahma son la manifestación inferior de su naturaleza ígnea; cada grupo también puede considerárselo “caído” en sentido cósmico, porque están implicados en el proceso de construcción, u ocupan formas de distintas densidades.

Previous post

Hechizos para alejar el mal

Next post

INVOCACION A SANTA ELENA

admin

admin

No Comment

Leave a reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *