El matiz del aura divina es un reflejo de El.

Son numerosas las referencias que se tienen sobre la emanación de una luminosidad que rodea al cuerpo humano; ya que desde los antiguos egipcios podemos ver que ellos representaban simbólicamente estas radia¬ciones en sus libros sagrados, en su joyería y en sus mantos ceremoniales.
También los yoguis y los filósofos ocultistas orientales compartían la creencia de esta emanación.
La Biblia nos dice que la cara de Moisés resplandecía cuando descendió del Monte Sinaí con las tablas de la Ley. Son innumerables las representaciones de Buda y Jesús con sus aureolas, y este recurso se ha utilizado en casi todas las religiones para simbolizar la divinidad.
Se pueden hallar datos respecto a este manto luminoso en los escritos griegos antiguos. Las obras del mate matico Pitágoras, del filósofo Demócrito y del llamado “padre de la medicina”, Hipócrates, nos ofrecen algunas muestras.
EI aura, con sus tonos de arco iris, siempre estuvo relacionada con la curación. Los persas utilizaban cierto tipo de terapia basada en las emanaciones de luz que provenían del paciente.
Los egipcios utilizaban piedras y amuletos de colores, así como templos para la curación basada en los diversos matices del aura.
Los griegos utilizaban vibraciones musicales, colores y poesía para curar la enfermedad.
Al hojear cualquier libro de historia del arte podemos ver que las auras son parte de las culturas religiosas de la India y China. En ambos pueblos las deidades se representan envueltas en capas de llamas o cubiertas por un resplandor.
Posteriormente, cuando el cristianismo se convirtió en la religión mayoritaria en Occidente, se acostumbro pintar auras alrededor de los Ángeles, de Jesús y la Sagrada Familia. Dado que la energía del aura es muy fuerte en toda a la zona de la cabeza, y que Jesús era un ser superior, se cree que este resplandor de su aura pudo ser contem¬plado por todos los que lo seguían.
Durante la Edad Media, gran parte del desarrollo de las prácticas curativas, paso por un periodo de estan-camiento. Un medico y filosofo persa, Avicena, fue el que revoluciono la medicina durante esta época en Europa. En su libra, Canon de Medicina, manifestaba que el color era un importante remedio contra la enfermedad, as! como una guía para el diagnostico.
Theophrastus Bombastus von Hohenheim, mas cono¬cido como Paracelso, afirmaba que en la forma humana había una gran fuerza vital que irradiaba su energía hacia el exterior, en forma de esfera de luz. También creía que esta envoltura luminosa podía servir para curar el cuerpo físico. Propugnaba que los colores de la envoltura vital y los que se utilizaban en los procesos de curación podían dividirse en dos grupos: los que contenían un poco de blanco, representaban la salud y el bien, y los que con¬tenían un poco de negro, representaban la enfermedad, el mal y la falta de armonía.
No fue hasta el siglo XVIII cuando se empezó el estudio científico del aura.
Franz Anton Mesmer, un excéntrico doctor vienés, pensaba que todas las casas del universo estaban re-lacionadas entre sí, por un fluido vital en el que todo estaba inmerso. También estaba convencido de que la energía de este fluido podía ser transmitida a otros para estimular el proceso curativo.
Muchos eminentes científicos de esta época lo conside¬raban un curandero, tal vez debido a sus métodos, teorías y la ropa que usaba en sus sesiones curativas.
Un francés, llamado Tessier, en 1783, empezó a reali¬zar estudios can las plantas utilizando el color. Fue así como dio comienzo la investigación sobre la influencia del color en las plantas.
Después, el interés por la cromoterapia y el aura se desvaneció durante muchos años cuando la ciencia física hizo grandes progresas con el usa de la química y la tecnología de la era industrial.
En la segunda mitad del siglo XIX, el barón Van Reichenbach, anunció el descubrimiento de una radiación proveniente de ciertos objetos que denominó “fuerza ódica” y aseguro que era generada por ciertos cristales, por los imanes y por el cuerpo humano.
Por ese tiempo se publico un libro que llevaba el titulo de Luz azul y roja, cuyo autor S. Pancoast, describía las diversas propiedades de las luces azules y rojas, y el método que utilizaba para curar utilizando la luz natural del sol que atravesaba diversos paneles de cristales de colores. La gente quedó cautivada por su técnica y la cromoterapia volvió a llamar la atención, a tal grado que se expandió rápidamente.
Casi al mismo tiempo, otro libro conmocionó a los interesados; se trató de Los principios de la luz y el color, de Edwin D. Babbitt, el cual se convirtió en la Biblia de los cromoterapeutas. Este hombre era escritor, filósofo, medico y artista, y siguiendo sus teorías, mucha gente instaló cristales de colores en sus ventanas.
Hubo otro tipo de estudios con respecto al aura, como los realizados por el teósofo Charles W. Leadbeater, el cual enfocó el lema del aura, en varias de sus obras, desde un punto de vista filosófico. Algunos de sus ensayos mas conocidos fueron EI hombre visible e invisible (1920) y EI aura humana. Otro de sus libros titulado Formas del pensa¬miento, cuenta con varias laminas que ilustran las primeras representaciones del aura.
Sin embargo, fue hasta principios de este siglo, que un doctor ingles, WaIter.J. Kilner, se dispuso a investigar el fenómeno conocido como el campo eléctrico del ser humano, eliminando los elementos místicos.
Kilner, en 1908, inventó una pantalla a través de la cual se podía observar la forma y la estructura básica del aura.
La pantalla constaba de dos cristales insertos en un marco. Entre ambos cristales había una solución de alquitrán de dicianina, a la que llamó “Espectauranina”. Empleó varias pantallas con diferentes soluciones de alcohol para verlas distintas capas del aura.
El doctor Kilner evitó leer la abundante literatura me¬tafísica sobre el aura. No quería que su interpretación pudiera verse condicionada por esto.
Descubrió que durante cierto tiempo, su capacidad para ver el aura aumentaba al estar constantemente expuesto a las pantallas, pero que también tenía un efecto negativo sobre su visión, y comprobó que para volver a la normalidad, tenía que dejar de usar las pantallas durante varios días.
Kilner publicó sus detalladas investigaciones el libro La atmósfera humana (1911). La información del libro provocó escándalo entre sus colegas conservadores y Kilner se vio envuelto en el tipo de problemas que tanto había intentado evitar.
Otro biólogo ingles, Oscar Bagnall, fascinado por las investigaciones de Kilner, se dispuso a repetir sus experi¬mentos, y utilizó las pantallas de Kilner, además de otras de distintos colores diseñadas por el mismo. Sus hallazgos fueron publicados en el libro El origen y las propiedades del aura (1937).
Bagnall sostenía que todos los seres vivientes tienen su aura y que al morir, el aura también deja de existir. Fue el primero en sugerir que la luz del aura era percibida por los bastones del campo receptor del ojo, y que se apreciaba gracias a la visión periférica.
Inspirado por Babbitt, un inventor indoamericano, llamada Oinshah GhandiaIi, se propuso crear un sistema para la proyección del color y elaborar teorías con una base más científica para aplicar terapias basadas en el espectro de luz. Después de múltiples problemas por sus métodos, Dinshah, continuó divulgando sus teorías hasta su muerte.
Pero la aportación más importante en la comprensión del aura fue el fruto de las investigaciones de un ingeniero soviético, Semyon Davidovich Kirlian.
En 1939, Kirlian estaba reparando un equipo técnico cuando fue testigo casual del funcionamiento de un instru¬mento de alta frecuencia.
A base de experimentos, consiguió reproducir una chispa de luz que había observado durante la demostración, una chispa que había despertado su curiosidad después de numerosos intentos de captar esta luz, consiguió producir una fotografía que mostraba una forma luminosa alrede¬dor de los dedos de la mano.
¡Había nacido la fotografía del aura!
Aunque el descubrimiento no era nuevo desde el punto de vista técnico, Kirlian, con su esposa Valentina, fue el pionero del empleo de esta técnica fotográfica como herramienta útil en la investigación parapsicológica.
El empleo de la fotografía Kirlian se ha desarrollado en muchos sentidos. Se puede utilizar para explorar el cuerpo y descubrir en el, posibles enfermedades.
Utilizando la película fotográfica de color que existe hoy en día, los colores brillantes y de alta definición permiten detectar cambios pequeños en el color en el tono.
Algunos opinan que la magia de la fotografía Kirlian estriba en el hecho que demuestra la existencia misma del aura.
Con el paso del tiempo y el perfeccionamiento cada vez mayor de la tecnología, vemos que el mundo de la ciencia y el mundo metafísico tienen cada vez mas cosas en común.
Sin duda, instrumentos mejor diseñados proporcionaran un número amplio de revelaciones espectaculares que darán solución a los fenómenos físicos y psíquicos.
Cuando los investigadores modernos intentan explicar las leyes del universo físico, se encuentran para su sor-presa, que entran a un mundo que solo ha sido explorado por los místicos. Las preguntas acerca del universo físico son cada vez más complejas y lo mismo ocurre con las respuestas.
Ya Albert Einstein nos explicaba que la materia no existe, que la materia es una ilusión creada por la veloci¬dad de vibración de las diversas formas de energía. Todo lo que vibra en lo que llamamos cuerpo físico se nos aparece en forma de materia sólida. Nuestro sol y las estrellas son, relativamente hablando, campos de ener-gía… auras.
Todavía nos queda mucho por explorar en la búsqueda científica y esotérica de ese enigmático arco iris… el aura.

“Abramos los ojos del alma para ver
su maravilloso resplandor…”

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