La Sabiduría de la Kabbalah
¿Qué es aquello que, siempre que lo necesitamos, aparentemente nos soluciona problemas, y es ilimitado? Nuestra bolsa de las excusas.Los kabbalistas nos enseñan que la mayoría de nosotros huye de lo que tiene que lograr en esta vida, encontrando siempre excusas para evitar el trabajo espiritual que vinimos a hacer aquí.
Los Sabios revelan que cuando una persona que ha evitado la espiritualidad se encuentra frente al Creador y se le pregunta por qué no cambió, ésta saca su bolsa de excusas («estaba muy ocupado tratando de sobrevivir. Mira, fui caritativo y nunca maté a nadie, yo no sabía que tú existías realmente»). Dios le dirá entonces: «tienes todas las excusas, pero no lograste nada en esta vida. ¡Ahora debes regresar al mundo y hacer algo!»
¿Qué hay dentro de nuestra naturaleza humana que nos induce a evitar salir fuera de nosotros mismos? La respuesta es muy simple. Cuando sentimos que estamos ayudando a los demás, o realizando cualquier acción espiritual, porque debemos, encontramos la manera de no hacerla. Cuando sentimos que el trabajo espiritual es obligatorio, nos resistimos a él. ¿Cómo reaccionas cuando alguien te dice que debes hacer algo? Lo más probable es que te resistas. Lo mismo sucede cuando nos decimos a nosotros mismos que debemos hacerlo.
Debemos recordar en todo momento que realizamos estas acciones por nuestro propio beneficio. Y lo que es aún más importante, recuerda lo siguiente: nuestra alma vino aquí por una razón específica. La Kabbalah dice que el propósito de que estemos aquí es mejorarnos a nosotros mismos. No es suficiente ser una buena persona, debemos ser una mejor persona.
Este es un discurso pronunciado por un gran Kabbalista conocido como Natziv (que vivió hace 190 años) a sus estudiantes y que clarifica dicho concepto:
«Cuando tenía once años, era una causa perdida como estudiante. Una noche, escuché a mis padres hablando en la habitación de al lado. Mi madre lloraba, y le decía a mi padre: ‘¿Qué vamos a hacer con nuestro hijo? Cualquier día de estos le expulsarán de la escuela. Y entonces, ¿qué será de él?’. Mientras la escuchaba, podía sentir su angustia tan intensamente como si fuera mía. Me prometí a mí mismo que cambiaría y que trabajaría para desarrollar mi potencial a partir de ese mismo momento. Mantuve mi palabra y crecí para convertirme en el erudito que tienen en frente de ustedes ahora mismo.
Si no hubiera escuchado a mis padres aquel día, me habría convertido en una buena persona, pero corriente, ya que estaba en mi naturaleza el ser así. Pero imagínense qué habría sucedido cuando hubiera dejado este mundo y hubiera llegado a ese lugar llamado ‘el tribunal celestial’. Imagínense lo que habría sentido cuando me hubieran mostrado todo lo que podría haber logrado, todo lo que debía haber hecho, todos los libros que debía haber escrito. ¿Pueden imaginarse el dolor que habría sentido? No hay infierno más grande que ver lo que podríamos haber hecho, pero no hicimos.”
Utilizo este discurso como ejemplo para mostrarte que debes empujarte a ti mismo tan lejos como puedas para convertirte en lo mejor que puedas ser. Y no sólo me refiero a tu trabajo de 9 a 18 hs. Tienes un trabajo mucho más importante: la corrección de tu alma.
Recuerda, tú también tienes «libros» que escribir. Crea el hábito de tomarte unos momentos al día para cerrar los ojos y preguntarte a ti mismo: «¿Hice algo hoy para lograr mi propósito en este mundo? ¿Me extendí más allá de mi círculo inmediato de responsabilidad?»