FENG SHUI – EL DISEÑO ENERGÉTICO DEL ESPACIO
Hace relativamente poco tiempo, el lugar habitado se veía como un espacio inerte donde la vida sucedía gracias a los quehaceres de quienes lo usaban.Gracias a la geobiología, al Feng Shui, al Vastu y otras disciplinas del hábitat, una nueva conciencia del lugar esta emergiendo, en la que este mismo espacio, se percibe entretejido con quienes lo habitan, en mutua influencia. De tal interdependencia emana también la posibilidad de diagnosticar los lugares que habitamos, bien sea porque aportan salud o vitalidad, o porque puedan señalarse como agravante o incluso causa de determinadas enfermedades.
A tal influencia desfavorable de las radiaciones telúricas, e incluso de las influencias tecnológicas del entorno, se le conoce en la actualidad como geopatías y tecnopatías.
Volver la mirada unos milenios atrás, revela que las antiguas culturas reconocían las influencias favorables o desfavorables del entorno y el subsuelo, y las usaban para acrecentar la salud y la vitalidad los habitantes.
En China, por ejemplo, se desarrolló un extenso conocimiento sobre la vitalización de los canales de acupuntura a los que los médicos chinos atribuían la esencia de la salud física y emocional mediante las influencias climáticas, los ciclos solares y lunares, los ejes cardinales, y también, los puntos telúricos de gran vitalidad.
Las culturas ancestrales, en la construcción del espacio habitado, incluían un diseño energético del lugar que se desarrollaba con la equilibrada presencia de la geometría en las formas constitutivas de la edificación, la estimulación de suaves movimientos espirales en la energía al enlazar el espacio con los ejes cardinales, y la adecuada selección del terreno o su vitalización mediante un armónico intercambio entre las radiaciones celestes y terrestres.
Para la salud del hábitat, el reto actual estriba en rescatar gran parte de este conocimiento antiguo del espacio, para realizar una síntesis con el tiempo que nos ha tocado vivir y el entorno urbano. Por lo mismo, las viejas recetas no son fácilmente aplicables si queremos promover la salud de hábitat para la mayoría de los habitantes de las ciudades:
• Buscar el mejor lugar y desechar los cauces de agua subterránea, o fracturas del tejido terrestre para evitar geopatías
• Buscar la orientación solar para las construcciones y los accesos • obtener los propios materiales de la construcción del entorno cercano
• Reunir determinadas configuraciones orográficas y naturales del paisaje inmediato…
Desafortunadamente, el grueso de las ciudades ha sido construido ignorando estos y otros preceptos del hábitat saludable y no parece nada fácil introducirlos a corto plazo. Ahora, el dilema de los profesionales del espacio sano, no esta solo en señalar lo que no existe para tener y vivir en un entorno armónico como podía suceder en el pasado, porque eso solo esta generando miedo y ansiedad a quien se preocupa por mejorar su vivienda o lugar de trabajo.
Apoyándose la arquitectura en un diseño preciso de la energética del lugar, se pueden neutralizar o minimizar las geo/ y tecnopatías. Si vemos el entorno tan solo como pautas
de energía, los ancestrales diseños de energía nos pueden ayudar a recuperar la armonía y vitalidad natural de la que carece el espacio urbano.