1. Oculto. Este término se refiere a las fuerzas ocultas del ser y al origen de la conducta, que producen la manifestación ob¬jetiva. La palabra “conducta” se emplea deliberadamente, porque toda manifestación en los reinos de la naturaleza es la expresión de la vida, propósito y tipo de actividad, de algún ser o existen¬cia, y es literalmente la conducta (o naturaleza externa o cuali¬dad) de una vida. El origen de la acción está oculto tras los pro¬pósitos de cualquier vida, sea una vida solar, una entidad pla¬netaria, un hombre, o ese Ser que es la totalidad de los estados de conciencia y de las formas de cualquier reino de la naturaleza.2. Ley. Una ley presupone una entidad superior que, dotada de propósito y ayudada por la inteligencia, coordina sus fuerzas de tal modo que va madurando un plan en forma secuencial y cons¬tante. Mediante el conocimiento claro de la meta, esa entida activa los pasos y las etapas que, si se realizan ordenadamente, lle¬van el plan a la perfección. La palabra “ley” tal como se entiende comúnmente, da la idea de sometimiento a una actividad recono¬cida como inexorable e inflexible, pero que no es comprendida por el que está sujeto a ella; abarca, desde cierto punto de vista, la ac¬titud de la unidad sumergida en el impulso grupal, y la incapa¬cidad de la misma para cambiar el impulso o eludir la conse¬cuencia; produce inevitablemente en la conciencia del hombre que considera estas leyes, el sentimiento de ser una víctima im¬pelida como una hoja a merced del viento, hacia un fin, del cual sólo es posible especular, regido por una fuerza que actúa aparentemente, ejerciendo una presión ineludible y produciendo resultados grupales a expensas de la unidad. Esta actitud mental se produce inevitablemente, hasta que la conciencia del hombre puede expandirse a tal grado que llega a ser consciente de asun¬tos más importantes. Cuando establece contacto con su yo superior, participa en el conocimiento de lo objetivo y escala la montaña de la visión, su perspectiva cambia y su horizonte se ensancha; entonces llega a comprender que una ley es únicamen¬te el impulso espiritual: incentivo y manifestación de la vida de ese Ser en el cual vive y se mueve. Aprende que ese impulso ex¬presa un propósito inteligente, sabiamente dirigido y basado en el amor. Luego, comienza él mismo a aplicar la ley, trasmitiendo sabia, amorosa e inteligentemente, a través de sí mismo, todo lo que recibe de ese impulso de vida espiritual al que su organismo puede responder, trasmitir y utilizar. Deja de ser un obstáculo y comienza a trasferir. Pone fin al ciclo de vida hermética y au¬tocentrada, y abre de par en par las puertas a la energía espiri¬tual. Al hacer esto descubre que la ley, a la cual ha odiado y recelado, es el agente vitalizador y purificador que lo impele a él y a todas las criaturas de Dios, a una gloriosa consumación.
3. Síquico. En lo que concierne al reino humano hay, dos tipos en manifestación,
de esa fuerza mencionada, y deben ser claramente captados. Una fuerza anima a los reinos subhumanos de la naturaleza energía animadora que conjuntamente con la energía de la materia y del yo, produce todas las formas. El efecto de esta conjunción es agregar a la inteligencia embrionaria de la sustancia misma, la sensibilidad latente y la respuesta, lo cual produce ese algo subjetivo que llamamos alma animal. Existen cuatro grados o estados de percepción sensoria:
a. La conciencia del reino mineral.
b. La conciencia del reino vegetal.
c. La conciencia del reino animal.
d. La conciencia de la forma animal, a través de la cual actúa el hombre espiritual que, en última instancia, no es más que un sector del grupo anterior en su presentación más elevada.
Existe también esa fuerza síquica que es resultado de la unión del espíritu con la materia sensoria del reino humano, y produce el centro síquico denominado el alma del hombre, el cual es un centro de fuerza, y la fuerza que custodia o manifiesta, pone en actividad la respuesta y percepción del alma de la vida planetaria, conciencia grupal que trae consigo facultades y conocimientos de orden distintos de los del alma animal. Éstos, finalmente, reemplazan los poderes del alma animal que limitan, deforman y apri¬sionan, dando al hombre una esfera de contactos y conocimientos infalibles, libre de error, que le concede “la libertad de los cielos”. Los resultados de la libre acción del alma del hombre sirven para demostrar la falibilidad y la relativa inutilidad de los poderes del alma animal. Aquí deseo demostrar los dos sentidos en que se emplea la palabra “síquico”. Luego me ocuparé del crecimiento y desarrollo de la naturaleza síquica inferior, o del alma de los vehículos en que el hombre funciona en los tres mundos; después trataré de elucidar la verdadera naturaleza del alma del hombre y los poderes que entrarán en juego una vez que pueda hacer contacto con su propio centro espiritual, el alma, y vivir en esa conciencia del alma.
4. Desenvolvimiento. La vida en el corazón del sistema so¬lar produce un desarrollo evolutivo de las energías de ese universo, que el hombre finito aún no puede imaginar. Análogamente el centro de energía denominado aspecto espiritual del hombre (mediante la utilización de la materia o sustancia), produce el desarrollo evolutivo de aquello que denominamos alma, y es lo más elevado de las manifestaciones de la forma el reino humano-. El hombre es el producto más elevado de la existencia en los tres mundos. Quiero significar por hombre, el hombre espiritual, un hijo de Dios en encarnación. Las formas de todos los reinos de la naturaleza humano, animal, vegetal y mineral contribuyen a esa manifestación. La energía del tercer aspecto de la divinidad tiende a la revelación del alma o segundo aspecto, que a su vez revela el aspecto más elevado. Debe recordarse que La Doctrina Secreta,* de H. P. Blavátsky, expresa con exactitud esta idea, en las siguientes palabras: “Consideramos la vida como la única forma de existencia, manifestándose en lo que llamamos materia, o que separándolas incorrectamente, denominamos espíritu, alma y materia, en el hombre. Materia es el vehículo para la manifestación del alma en este plano de existencia, y el alma es el vehículo, en un plano más elevado, para la manifestación del espíritu; los tres son una trinidad sintetizada por la vida que los compenetra”.
El alma se desarrolla mediante el empleo de la materia, y lle¬ga a su culminación en el alma del hombre. Este tratado versará sobre el desarrollo de esa alma y su descubrimiento por el hombre.
5. Conocimiento. Podría ser dividido en tres categorías: Primero, el conocimiento teórico, incluye todo lo que el hombre co¬noce y percibe, y que ha aceptado debido a las afirmaciones de otras personas y de los especialistas en las distintas ramas del conocimiento. Se funda en autorizadas afirmaciones y contiene elementos que permiten confiar en los escritores, conferencistas e inteligencias entrenadas que actúan en cualesquiera de los nu¬merosos y variados campos del pensamiento. Las verdades acep¬tadas como tales no han sido formuladas o verificadas por quien las acepta, pues carece del entrenamiento y equipo necesarios. Los dictámenes de la ciencia, de la teología y de la religión y los descubrimientos de los filósofos y pensadores de todas partes, matizan el punto de vista y hallan rápida aceptación en la mente no entrenada, la mente común.
Segundo, tenemos el conocimiento discriminativo que con¬tiene una cualidad de selección, y afirma la valoración inteligen¬te y aplicación práctica del método más específicamente cientí¬fico y la utilización de la prueba, la eliminación de lo que no puede ser probado y el aislamiento de esos factores susceptibles de investigación, de acuerdo a lo que se entiende por ley. La mente razonadora, argumentadora, escolástica y concreta, es pues¬ta en actividad con el resultado de que gran parte de lo que es in¬fantil, imposible e inverificable, es rechazado, trayendo como consecuencia el esclarecimiento en el campo de los resultados men¬tales. Este proceso discriminador y científico permitió al hom¬bre conocer gran parte de la verdad respecto a los tres mundos. El método científico, en relación con la mente de la humanidad, desempeña la misma función que el método ocultista de medita¬ción (en sus dos primeras etapas de concentración y concentra¬ción prolongada o meditación) en relación con el individuo. Por su intermedio se engendran correctos procesos mentales, y finalmente es eliminado o corregido lo no esencial y las formulaciones incorrectas de la verdad, y el constante enfoque de la atención, sea sobre un pensamiento simiente, un problema científico, una filosofía o una situación mundial, dando por resultado el es¬clarecimiento final y la constante infiltración de ideas correctas y sólidas conclusiones. Los pensadores más destacados en cualesquiera de las grandes escuelas de pensamiento son simples ex¬ponentes de la meditación ocultista, y los brillantes descubri¬mientos de la ciencia, las correctas interpretaciones de las leyes de la naturaleza y la formulación de las correctas conclusiones, ya sea en los campos de la ciencia, la economía, la filosofía, la sicología o en cualquier otro campo, sólo son lo que registra la mente (y en consecuencia el cerebro) de las verdades eternas, e indican que la raza comienza a eliminar la separación entre lo objetivo y lo subjetivo, entre el mundo de la forma y el mun¬do de las ideas.
Esto conduce inevitablemente al surgimiento de la tercera rama del conocimiento, la intuición. En realidad, la intuición es sólo la apreciación mental de algún factor de la creación, de alguna ley de la manifestación y de cierto aspecto de la verdad, conocido por el alma, que emana del mundo de las ideas, siendo de la naturaleza de esas energías que producen todo lo conocido y visto. Estas verdades están siempre presentes y esas leyes eternamente activas; pero únicamente a medida que la mente está entrenada y desarrollada, enfocada y abierta, pueden ser reconocidas, posteriormente comprendidas y finalmente adaptadas a las necesidades y demandas del ciclo y de la época. Siempre han existido quienes entrenaron su mente en el arte del claro pensar, enfocaron la atención en la consiguiente receptividad de la verdad, pero hasta ahora fueron muy pocos y aparecieron de tarde en tarde. Constituyen las mentes descollantes de las épocas. En la actualidad son numerosas y aparecen cada vez con mayor frecuencia. Las mentes de la raza están en proceso de entrenamiento, y muchas al borde de un nuevo conocimiento. La intuición, que guía a los pensadores avanzados hacia los nuevos campos del conocimiento, es sólo la vanguardia de esa omnisciencia que caracteriza al alma. La verdad de todas las cosas existe y se la denomina omnisciencia, infalibilidad y “correcto conocimiento” en la filosofía hindú. Cuando el hombre capta un fragmento de ella y la absorbe en la conciencia racial, se lo denomina formulación de una ley o descubrimiento de uno de los procesos de la naturaleza. Hasta ahora esto ha sido una empresa lenta y fragmentaria. Más adelante, y dentro de no mucho tiempo, la luz afluirá, la verdad será revelada y la raza tomará posesión de su herencia la del alma.
En algunas de nuestras consideraciones deberán forzosamente intervenir las conjeturas. A quienes perciben una visión, vedada a los que carecen del equipo necesario para su captación, se los considera fantasiosos e imaginativos. Cuando muchos la perci¬ben, se acepta su posibilidad, pero cuando la humanidad haya despertado y abierto los ojos, ya no se hará hincapié sobre la visión, sino que se afirmará un hecho y se enunciará una ley. Tal ha sido la historia en el pasado y así será el proceso en el futuro.
El pasado, desde el punto de vista del hombre común, es esencialmente especulativo; el futuro también, pero el hombre mismo es resultado de ese pasado, y el futuro surgirá de la suma total de sus actuales cualidades y características. Si esto es verdad respecto al individuo, también lo es respecto al género humano como un todo. Esa unidad de la naturaleza que denominamos cuarto reino o reino humano, representa aquello que es producto de su herencia física; sus características son el conjunto de su desarrollo emocional y mental, y su acervo es todo aquello que ha logrado acumular, durante los ciclos en que ha luchado con su medio ambiente todos los otros reinos de la naturaleza. Por lo tanto, dentro del reino humano existen potencialidades, estados latentes, características y haberes, que el futuro revelará y que a su vez determinan ese futuro.
He decidido intencionalmente comenzar con lo indefinido y no reconocido. El alma es aún una cuantidad desconocida. No ocupa un real lugar en las teorías de los investigadores académicos y científicos. No ha sido comprobada, y es considerada aún por los académicos más liberales como una posible hipótesis, pe¬ro indemostrable. No es aceptada como una realidad en la con¬ciencia de la raza. Sólo dos grupos de personas la aceptan como tal; uno de ellos el crédulo, no evolucionado, infantil, educado en las enseñanzas de cualesquiera de las Escrituras mundiales, es¬tando religiosamente inclinado, acepta sin indagar los postulados de la religión, tales como el alma, Dios y la inmortalidad. El otro es ese pequeño grupo de Conocedores de Dios y de la rea¬lidad, que se agranda constantemente, que sabe que el alma es un hecho por propia experiencia, pero no puede probar satisfactoriamente su existencia al hombre que acepta únicamente lo que la mente concreta puede captar, analizar, criticar y com¬probar.
Los ignorantes y los sabios se encuentran en un terreno co¬mún, como sucede siempre con los extremos. Entre ellos se hallan los que no son del todo ignorantes ni sabiamente intuitivos. Constituyen la masa de personas cultas que poseen conocimientos pero no comprensión, y aún tienen que aprender a diferenciar entre lo que puede captar la mente razonadora, lo que puede ser percibido por el ojo de la mente y aquello que sólo la mente superior o abstracta, puede formular y conocer. Esto finalmente se fusiona con la intuición, “facultad conocedora” del místico inteligente y práctico que relegando la naturaleza emotiva y afec¬tiva al lugar que le corresponde utiliza la mente como punto de enfoque, observando el mundo del alma a través de ese lente.